¿Simplemente Sierva o simplemente herética?
Análisis del escrito
“Hagamos al hombre”
Por: René X. Pereira
Se ha tornado ya un patrón muy común el observar a una gran cantidad de cristianos que introducen nuevas doctrinas y las llamadas “nuevas revelaciones”, basándose en pésimas interpretaciones del texto bíblico. Al igual que lo hacen las sectas cuando declaran que han recibido “nueva luz” sobre algún pasaje o enseñanza de la Biblia, desarrollando toda una falacia teológica que no tiene base alguna en la hermenéutica ni la exégesis bíblica. Esta costumbre, ya bastante generalizada, es la que está trayendo mucha confusión en un pueblo que ya de por sí es propenso a ser llevado por vientos de doctrina.
El escrito que me dispongo a analizar a la luz de las Escrituras ha sido redactado por una mujer que utiliza el seudónimo de “Simplemente Sierva”, en lugar de su nombre propio. ¿Por qué? Ya de entrada esto levanta sospechas, pues cuando uno lee un escrito desea saber quién lo ha redactado y cuál es su preparación para manejar el tema. Un escrito anónimo implica, entre otras cosas, que su autor no desea ser identificado o no está dispuesto a asumir la responsabilidad de lo que escribe. Hagamos al hombre va dirigido a “todas aquellas personas, hombres y mujeres de FE”[1] que, según la autora, tengan la capacidad espiritual de entender el mismo. En otras palabras, se trata de un escrito que no todo el mundo puede manejar, porque es demasiado profundo, como lo da a entender la escritora. Sin embargo, al leerlo detenidamente uno se da cuenta de que el mismo no tiene nada de profundo, sino que está repleto de inferencias, conjeturas y teorías que son producto de la imaginación y las ideas personales de su autora, y no de las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Simplemente Sierva alega haber tenido una experiencia metafísica cuando sufrió un accidente automovilístico. En el mismo sostiene haber tenido una experiencia cerca de la muerte donde tuvo una visión en la cual un ser en forma de una luz brillante, que ella asume fue Dios mismo, con unas manos hermosas, le tocaron. Desde ese momento declara: “Lo que produjo en mí, un deseo intenso de buscar y conocer a Dios. Comencé a tener experiencias espirituales maravillosas de parte del Altísimo, que su presencia de hizo manifiesta en mi vida” [2]. Como suele ocurrir en estos casos, todo esto lleva a esta persona a desviarse por completo de la verdad bíblica. Notamos que la autora en ningún momento relata su experiencia de conversión. Según ella su encuentro con Dios no fue un encuentro con el Evangelio y la necesidad de arrepentirse y convertirse a Cristo, porque la Palabra penetró en su corazón y entendió la obra expiatoria de Cristo. Al contrario, afirma que “Tenía latente en mis mente y en mi corazón la experiencia de aquellas manos hermosas que habían colocado algo en las mías. Posiblemente fue el regalo de la salvación, el don del Espíritu Santo, o un ministerio que el Señor ha puesto en mis manos”[3]
El ser humano no se convierte por medio de una dudosa experiencia que ni siquiera la persona puede definir ni comprender. Y más cuando la misma sucede tras un trauma cerebral en un estado de inconciencia, que puede ser atribuible a alucinaciones. El individuo se convierte a Cristo por el ministerio de la Palabra y la obra de convicción del Espíritu Santo en su interior. Es un acto conciente que involucra la voluntad del pecador, la cual es dirigida a volverse a Dios por su mismo Espíritu. De manera que ya de entrada, al relatar su experiencia de cómo llegó al conocimiento de Dios, la autora se limita a describir una experiencia en su estado de coma, pero no habla en ningún lugar de su confrontación con la verdad del Evangelio y el sacrificio de Cristo, o el arrepentimiento de sus pecados.
Más adelante declara que “La Santa Palabra se estudia, se analiza, se entiende y se interpreta con la intervención divina del Espíritu Santo, nuestro maestro, así es que obtendremos el conocimiento y solo así recibiremos las hermosas y ricas bendiciones de parte de nuestro Creador”[4]. La pregunta es, ¿y dónde deja la autora la hermenéutica bíblica? Omite por completo el estudio de las Escrituras aplicando las reglas básicas de interpretación, tomando en cuenta el contexto del pasaje, el libro, el marco histórico en que se escribe y si el lenguaje es poético o es simbólico o literal. Estos son elementos que el intérprete de la Biblia necesita tomar en consideración para no forzar al texto a decir lo que no dice, o evitar también imponer su idea al pasaje, en lugar de permitir que el mismo hable por sí solo. Precisamente esta omisión de las reglas de interpretación va a afectar adversamente la exégesis que hace de los temas que considerará en su escrito.
El escrito Hagamos al hombre trata fundamentalmente de la teoría de la autora de que en la creación de Adán y Eva, nuestros primeros padres no fueron creados en ese momento a imagen y semejanza de Dios. Como así lo indica la autora: “Este análisis trata de demostrar que la imagen del hombre con Dios, no fue formada al crear al primer hombre, no fue perpetuada en y mucho menos heredada de Adán”[5] ¿De dónde la autora saca esta idea? Ella afirma que sale del mismo pasaje bíblico, sin embargo esta verdad ha pasado inadvertida por más de dos mil años a teólogos y exegetas. Históricamente la iglesia cristiana ha sostenido que Dios creó al hombre y en ese mismo momento le creó a su imagen y semejanza, soplando en él “aliento de vida, que no es otra cosa que soplando espíritu en él para hacerle un ser espiritual, con alma, a diferencia de los animales. Adán fue creado con intelecto, voluntad y con la capacidad de relacionarse con Dios. Pero Simplemente Sierva, (SS) afirma que “Jehová estableció un plan en el principio, pero no para empezarlo y terminarlo ahí mismo, sino que lo comenzó al principio para culminarlo al final de los tiempos en el día glorioso de su Venida”[6].
Más adelante SS declara que “con este estudio quiero demostrar que la imagen y semejanza con Dios se recibe única y exclusivamente sólo por fe y para fe. Imposible que estuviera en Adán y Eva porque primero, ellos no mostraron fe y segundo, la imagen y semejanza no puede ser transferida de hombre a hombre, pues un hombre no puede confiar ni mucho menos depositar su fe en otro hombre”[7]. Aquí hay un obvio error de extrapolación de conceptos. En primer lugar, la autora dice que la imagen y semejanza de Dios se recibe únicamente mediante la fe. Obviamente confunde la regeneración o el nuevo nacimiento con la imagen y semejanza de Dios, que son dos cosas distintas. Pero además de eso, mezcla aquí la fe con la imagen y semejanza de Dios, diciendo que por ser una fe, no puede transferirse de padres a hijos. En otras palabras SS simplemente tiene en su mente un grave enredo de conceptos que no han sido clarificados. Y no lo han sido, posiblemente por dos razones: o porque donde ha perseverado nunca le han enseñado doctrinas básicas, o porque en su orgullo nunca, ha querido ser corregida en estos conceptos erróneos.
En resumen, la idea de esta autora es que el incrédulo e inconverso no es un ser creado a imagen y semejanza de Dios, porque no es salvo. Dice más, afirma que el hombre cuando fue creado, “en sus inicios era como los animales”[8]. Su fracaso y caída se debió precisamente a que por estar hecho de carne, era imperfecto desde su creación. Declara que “…a través de nuestro estudio nos podemos percatar que si es terrenal, hay imperfección en el ser humano pues Jehová crea de la tierra la carne, por lo que es obvio el proceder de esas criaturas, lo cual ocasiona la caída”[9]. En otras palabras, Adán y Eva pecaron porque no podían hacer otra cosa. Estaban en desventaja por la deficiencia e imperfección de su creación. Así mismo lo dice la autora: “Si observamos con detenimiento en el Edén el hombre estaba en desventaja. Esto lo podemos juzgar con justicia porque el hombre es obvio que no tenía las armas espirituales para batallar contra huestes espirituales de maldad, pues dice la Palabra que ‘la carne no percibe las cosas espirituales’. Se ha dado por sentado que el hombre era perfecto y pecó. Si Dios lo hubiese pronunciado así, lo creeríamos, inclusive Adán no hubiera pecado jamás”[10] O sea, que según SS, Dios creó un ser imperfecto, un animal, sin la capacidad de resistir la tentación de la serpiente y fue Dios mismo quien le hizo así porque su plan era que el hombre pecara. Más adelanta la misma autora afirma que “…el Edén fue el lugar donde Jehová comenzaría la imperfección, al ser terrenal, el ser mundanal, el ser carnal, para proceder a convertirlo en un ser espiritual”[11].
El problema con esta serie de inventos y teorías es que en primer lugar, arroja sombras sobre el carácter santo de Dios. Dios creó un ser imperfecto y desaventajado para que pecara. Si es así, y Adán y Eva eran como los animales, entonces ¿por qué Dios los castigó, si ellos solo hicieron lo que Dios les dispuso a hacer? En segundo lugar SS una vez más confunde y extrapola términos. La carne es pecaminosa por causa de la caída; la caída contaminó la carne, no la carne produjo la caída. Como seres libres, nuestros primeros padres fueron creados con una voluntad. Ellos pecaron porque desearon ser como Dios y por eso tomaron del fruto prohibido. Pero la Escritura echa por el suelo la teoría de SS. Leemos en Génesis 9:6, “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. Dios establece este mandamiento desde Noé, como una sentencia contra todo el que derrame sangre inocente de un ser humano. ¡Y esto fue pronunciado mucho antes del sacrificio de Cristo! La razón para preservar la vida humana es que el hombre es hecho a imagen de Dios. La autora de Hagamos al hombre, simplemente omite este pasaje que resulta contundente. De hecho, si es como ella dice, entonces no hay nada malo en matar a otro ser humano, porque es un mero animal.
Otro elemento que esta autora no toma en cuenta y que se deriva lógicamente de su razonamiento, es que si el hombre impío no es un ser hecho a imagen de Dios, es meramente carne, y no tiene el espíritu, entonces ¿dónde cabe aquí el castigo eterno? La Biblia dice que los injustos serán juzgados y castigados en una eternidad de separación de Dios. Pero ella dice que “Es un ser sin voluntad”[12], o sea, que si no tiene voluntad, ¿de qué será juzgado? Pero bajo su argumento, esto no tendría ningún sentido. El hombre moriría y ya, porque es puramente carne.
La autora de Hagamos al hombre sostiene que cuando Dios dijo “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”, se trataba de una promesa para el futuro y no algo que fue hecho en el momento mismo de la creación. Esto se cumple, según ella, cuando la persona pone su fe en Cristo. Declara que, “Es sólo por medio de Jesucristo que recibimos la imagen de Dios, de la cual habló el Padre al principio”[13]. De nuevo, se comete aquí el mismo error. El inconverso, como dice la Palabra, está ciego espiritualmente y su entendimiento espiritual, a causa de la caída, está entenebrecido. Pero todavía tiene un alma; sigue siendo un ser espiritual que vive bajo la esclavitud del pecado. Lo que hace Cristo es que le liberta, le vivifica y le adopta como hijo. Pero aún el inconverso conserva la imagen de Dios, aunque la misma esta bajo la esclavitud del pecado. Esto es lo que ha enseñado la iglesia cristiana por siglos. Pero ahora llega esta persona y pretende haber descubierto una verdad oculta que han pasado por alto los apóstoles, los padres de la iglesia, los reformadores y teólogos a lo largo de siglos de historia. Y lo peor de todo es que más adelante dice: “Recomiendo borrar de tu mente todo lo que te han enseñado, comienza en blanco”[14].
¡Gravísimo error! La Biblia nos manda a hacer todo lo contrario: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido”[15]. Los falsos maestros pretenden que nosotros sigamos sus supuestas revelaciones y enseñanzas, menospreciando lo que Dios ha mostrado y comunicado, no solo a través de la revelación de su Palabra, sino a través de los credos, las confesiones y el trabajo de los teólogos y eruditos bíblicos. Esto no lo podemos hacer.
Otro pasaje que la autora de Hagamos al hombre cita es 1 de Corintios 15:45. El pasaje dice: “Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos la imagen del celestial”. Explica la autora que esto es confirmación de su línea de pensamiento ya que demuestra que “…para ser imagen de Dios tenemos que adoptar la imagen del celestial, no del terrenal”[16]. Sin embargo comete el mismo error de interpretación al ignorar completamente de qué Pablo está hablando aquí. El apóstol está hablando acerca de la transformación de los cuerpos de los creyentes en la venida del Señor, la resurrección de los muertos, no de una transformación espiritual. Lo que afirma el pasaje es que cuando los redimidos sean transformados físicamente (porque ya fueron transformados espiritualmente), entonces tendrán un cuerpo diferente y será semejante al celestial. 1 Co. 15:53 dice: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.” Está hablando a cristianos. Si es como dice la autora, hay un problema porque le estaría hablando a personas que aún no han recibido la imagen de Dios, pero no es eso lo que el texto dice.
Para concluir este análisis, tenemos ante nosotros el típico caso de una persona que se mete a interpretar la Biblia sin una base doctrinal y sin un conocimiento básico de los libros de la Biblia, su temática, y sin aplicar las reglas más elementales de hermenéutica. Encuentra al azar pasajes que parecen reforzar sus teorías, y sin estudiar cuidadosamente su contexto, los toma como evidencia de la veracidad de sus argumentos. Este error lo cometen muchas personas hoy día, a veces personas bien intencionadas, pero debido a la escasez de iglesias que provean una base sólida a sus fieles, y la tendencia actual de menospreciar el estudio exegético de la Biblia, se ve el mismo con demasiada regularidad. Pero ya lo dijo el apóstol: “No os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”[17]. A cualquier persona por ahí hoy día se le coloca como maestro o líder en las iglesias, sin tener una capacitación y preparación en el estudio de la Biblia. Pero aún Pablo le mandó a Timoteo: “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”[18].
Lo triste de todo esto es que muchos cristianos leen escritos como Hagamos al hombre y rápidamente las aceptan y las creen, porque están en la misma condición: carecen de discernimiento bíblico y su comezón de oír les hace arrimarse a maestros que apartan de la verdad el oído y se vuelven a las fábulas. Espero que este breve análisis ayude a los que han recibido esta literatura a clarificar sus dudas y que las iglesias y líderes estén apercibidos de esta nueva herejía que está circulando por ahí. Hemos analizado apenas una parte de este escrito, y posiblemente prepararemos una segunda parte para discutir el resto.