Los
Judaizantes del Siglo XXI
Por René X. Pereira
Resulta interesante cómo están reapareciendo las viejas herejías que hace mucho tiempo amenazaron al cristianismo y fueron en aquellos tiempos contrarrestadas por los cristianos de entonces. Sin embargo, el pueblo cristiano de hoy no es el mismo de aquél tiempo. En los primeros siglos de la fe cristiana se levantaron los apologistas. Eran líderes capaces que enfrentaron aquellas herejías con sólidos argumentos y un vasto conocimiento de las Sagradas Escrituras. Desafortunadamente el pueblo cristiano, envuelto más en el misticismo, el relativismo y el neocarismatismo, carece de las herramientas necesarias para enfrentar las falsas doctrinas con argumentos sólidos y presentar una defensa coherente de la fe bíblica. En ocasiones, cristianos de débil fundamento en la Palabra y pobre compromiso con la verdad, son presa fácil de estos vientos de doctrina y estratagema de engañadores. Su alimento no es la Palabra, sino otras fuentes de dudosa confiabilidad, como lo es mucha de la literatura cristiana actual, una buena parte de la música que se produce y la pobreza teológica de la mayoría de los predicadores y maestros que aparecen en los medios masivos.
Una de las últimas herejías que han surgido es el neo-judaísmo mesiánico. Debemos distinguir entre éstos y los judíos mesiánicos, que son judíos de nacimiento que han creído en Jesucristo y en su liturgia conservan sus raíces judías, manteniendo íntegras las doctrinas esenciales del cristianismo. El neo-judaísmo mesiánico, también conocido como el movimiento de los nazarenos (no la iglesia del Nazareno que es una denominación evangélica), es una secta que procura proselitar a los cristianos evangélicos para que abandonen sus congregaciones cristianas y adopten las costumbres, ritos y doctrinas judaizantes de este movimiento. Este grupo parte de la creencia de que las diez tribus perdidas de Israel están dispersas en América latina y todos esos millones de descendientes de antepasados judíos deben volver a sus raíces originales. Afirman también que la iglesia cristiana se gentilizó y abandonó su origen judío, se volvió anti-semita y hasta adulteró la Biblia para romper con sus raíces judaicas. Y lo peor aún, rechazan doctrinas claves de la fe cristiana como la Trinidad, la eternidad de Jesús, y declaran además que las Escrituras en sus traducciones modernas han sido adulteradas y no son fidedignas.
Antes de pasar a discutir y refutar bíblicamente las creencias y enseñanzas de esta secta, deseo hacer el siguiente comentario. Todo esto que ha surgido ha sido en gran parte causado por la misma iglesia cristiana. Hace un tiempo atrás llegó la moda de las danzas hebreas, el uso de símbolos judíos, tocar el “shofar” o cuerno para comenzar los cultos y la celebración de fiestas judías. Sin ser judíos, y teniendo ya una rica cultura propia en donde celebrar la presencia de Dios, muchas iglesias comenzaron a copiar esos estilos. Llegó el momento que se levantó una pasión por lo judío donde algunas iglesias hasta quitaron la cruz de sus púlpitos para poner el “menorah” o candelabro de los siete brazos, estrellas de David y cosas por el estilo. ¿Por qué? ¿Qué de malo hay en adorar en el estilo de nuestra propia cultura? Si no somos judíos y pertenecemos al pueblo santo de Dios, que es su iglesia, ¿para qué adoptar estas prácticas? El resultado de todo esto es que muchos pastores y líderes han preparado el camino para que surja esta nueva forma de apostasía. Lo que están haciendo muchos cristianos es simplemente dar el próximo paso: ser judíos completos.
Cuando se abre la puerta a prácticas que no tienen respaldo alguno de la Palabra, en especial, de la doctrina apostólica contenida en las epístolas, se infiltrarán toda clase de herejías destructoras y confusión. Nosotros funcionamos bajo un mejor pacto establecido sobre mejores promesas[1].
Tanto los apóstoles como los padres de la iglesia reconocieron que la Iglesia de Jesucristo es el pueblo de Dios y el nuevo Israel espiritual. Sin embargo, en el siglo XIX nació el dispensacionalismo trayendo consigo una interpretación totalmente novel de interpretar la Biblia, estableciendo una dicotomía que persiste en la actualidad en algunas iglesias cristianas. La teología dispensacional enseñó que la Iglesia gentil fue un “paréntesis” de Dios ante el rechazo del pueblo hebreo y que los judíos permanecían como pueblo escogido. Todo esto en contradicción a la enseñanza de los apóstoles, como vemos en Efesios 2:11-22:
“Por tanto,
acordaos de que en otro tiempo vosotros,
los gentiles en cuanto a la carne,
erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano
en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de
Israel y ajenos a los pactos de la promesa,
sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais
lejos, habéis sido hechos cercanos por
la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando
la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en
ordenanzas, para crear en sí mismo de
los dos un solo y nuevo hombre, haciendo
la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando
en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros
que estabais lejos, y a los que estaban
cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo
Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados
sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo
Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para
ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente
edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
¿Cómo interpretan este pasaje los judaizantes? En un escrito titulado
“Preguntas más frecuentes” dicen: “Las
buenas nuevas (evangelio) es que la muralla de separación no existe más y que
los gentiles están invitados a ser parte de la República de Israel…”
Obviamente el texto para nada afirma esto. Al contrario, lo que dice es que
para Dios hay un solo pueblo, los que se han acercado a través de la sangre de
Cristo, que la ley de mandamientos expresados en ordenanzas fue abolida y que
por un mismo Espíritu tanto judíos como gentiles tienen entrada al Padre. En
Cristo, judíos y gentiles pertenecen a la misma familia de Dios, que es su
Iglesia, que es la única que está edificada sobre el fundamento de Cristo y los
apóstoles. La república de Israel es un estado completamente secular para nada
identificado con la doctrina de Cristo y los apóstoles. Otros pasajes que
apoyan esta verdad son Rom. 9:1-8, y Gál. 4:21-26. Este último pasaje dice:
“Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis
oído la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava
nació según la carne; mas el de la
libre, por la promesa. Lo cual es una
alegoría, pues estas mujeres son los dos
pactos; el uno proviene del monte
Sinaí, el cual da hijos para esclavitud;
éste es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la
Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Mas la
Jerusalén de arriba, la cual es madre de
todos nosotros, es libre.”
Pablo hace una clara distinción entre la condición de la Jerusalén actual
que produce hijos de esclavitud, y la Jerusalén de arriba, la celestial, que
son los hijos de la promesa, quienes gozan de la libertad en Cristo. Nosotros
los cristianos no somos hijos de la esclava, sino de la libre. Y por ser de la
fe, somos hijos de la promesa, descendientes espirituales de Abraham, marcados
con la circuncisión espiritual de Cristo, hecha no en la carne, sino en el
corazón. La esclava, que Pablo mismo la identifica con la Jerusalén actual, no
produce hijos libres. Es interesante que la carta de Pablo a los Gálatas precisamente
fue escrita con el fin de rebatir las falsas doctrinas de los judaizantes que
pretendían obligar a los cristianos gentiles a vivir bajo los rudimentos de la
ley mosaica.
Nadie se salva por ser judío, ni tampoco es necesario el adoptar la cultura
y las prácticas del judaísmo para ser fieles discípulos de Jesucristo. Parece
ser que los judaizantes modernos no han leído el libro de los Hechos de los
Apóstoles y lo que resolvió el Concilio de Jerusalén ante una amenaza similar
por parte de los judaizantes (Hch. 15:1-21).
“Entonces algunos que venían
de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de
Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo
y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a
Jerusalén, y algunos otros de
ellos, a los apóstoles y a los
ancianos, para tratar esta cuestión. Ellos,
pues, habiendo sido encaminados
por la iglesia, pasaron por Fenicia y
Samaria, contando la conversión de los
gentiles; y causaban gran gozo a todos
los hermanos. Y llegados a
Jerusalén, fueron recibidos por la
iglesia y los apóstoles y los ancianos,
y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero
algunos de la secta de los fariseos, que
habían creído, se levantaron diciendo: Es
necesario circuncidarlos, y mandarles
que guarden la ley de Moisés. Y se
reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Y después
de mucha discusión, Pedro se levantó y
les dijo: Varones hermanos, vosotros
sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por
mi boca la palabra del evangelio y creyesen.
Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a
nosotros; y ninguna diferencia hizo
entre nosotros y ellos, purificando por
la fe sus corazones. Ahora, pues,
¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un
yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que
por la gracia del Señor Jesús seremos salvos,
de igual modo que ellos. Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban
cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los
gentiles. Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones
hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera
vez a los gentiles, para tomar de ellos
pueblo para su nombre. Y con esto
concuerdan las palabras de los profetas,
como está escrito: Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo
de David, que está caído; Y repararé sus
ruinas, Y lo volveré a levantar, Para que el resto de los hombres busque al
Señor, Y todos los gentiles, sobre los
cuales es invocado mi nombre, Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde
tiempos antiguos. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se
convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las
contaminaciones de los ídolos, de
fornicación, de ahogado y de sangre.
Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en
las sinagogas, donde es leído cada día
de reposo.”
¿Cuál fue el veredicto de los ancianos de Jerusalén? Que dejaran tranquilos
a los gentiles que se convertían a Dios y no se les impusiera otra carga sino
las instrucciones que se mencionaban en la carta que se hizo circular por las
iglesias. Ni el sábado, ni los alimentos, ni la circuncisión, ni las fiestas
judías debían imponerse a los gentiles; cargas que ni los judíos mismos habían
podido sobrellevar en el pasado. El mismo Pedro había entendido que para Dios
no hay diferencia entre ser judío o gentil cuando tuvo la visión del lienzo y
luego vio cómo Cornelio el romano recibió el Espíritu Santo de la misma manera
que ellos al principio. Para efectos de la salvación, ¿cuál es la importancia
que hay entre ser o no ser judío? Realmente ninguna. Y esto lo confirma el
mismo San Pablo cuando declara: “porque
en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe
que obra por el amor.”[2] En otras palabras,
el ser judío (los apóstoles les llamaban los de la circuncisión), o el no serlo
es inmaterial para fines de la herencia de la vida eterna. Sólo la fe en Cristo
es lo que cuenta. Por eso dice también el apóstol en Romanos: “¿Qué,
pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya
hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.” [3] En términos
espirituales para Dios es lo mismo un judío impío que un gentil impío. No hay
una salvación especial para el pueblo judío. La única puerta para ellos, al
igual que para nosotros es su conversión a Cristo.
Los mesiánicos judaizantes sostienen que la iglesia cristiana se prostituyó
cuando abandonó sus raíces judías y se tornó una iglesia gentil. Pero, ¿acaso
el testimonio de la Palabra de Dios demandaba que la iglesia gentil se
mantuviera bajo tales rudimentos? Eso no era lo que pensaba el apóstol Pablo
quien se llamaba a sí mismo hebreo de hebreos y un celoso practicante del
judaísmo, aventajando por mucho a sus contemporáneos[4].
Además de los gálatas, la iglesia de Filipos fue también confundida y afectada
por los falsos maestros judaizantes. A ellos Pablo le escribe esta carta y les
habla acerca de su pasado como judío celoso.
“Porque nosotros somos la
circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo
Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué
confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la
carne, yo más: circuncidado al octavo
día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en
cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a
celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para
mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y
ciertamente, aun estimo todas las cosas
como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por
amor del cual lo he perdido todo, y lo
tengo por basura, para ganar a Cristo, y
ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe
de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.”[5]
Los pertenecientes a la iglesia, por la sangre de Cristo y su sacrificio
expiatorio, somos la verdadera circuncisión, no los israelitas que llevan la
marca física, pero no la espiritual[6]. Y Pablo en el pasaje anterior
precisamente muestra cómo ahora que está en Cristo, su trasfondo y herencia
judía que para él eran ganancia y motivo de orgullo, ahora lo tiene por basura,
porque reconoce que su herencia en Cristo como redimido es superior. Es cierto
que Pablo amaba a sus compatriotas israelitas y oraba para que ellos conocieran
la verdad del evangelio, pero a la misma vez reconocía que Dios es soberano y
que no todos los descendientes físicos de Jacob, por ser descendientes
naturales, eran herederos de la promesa, sino aquellos que Dios en su gracia ha
querido llamar para formar parte de su pueblo. “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel
son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será
llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los
hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como
descendientes.”[7]
Pablo prueba fuera de toda duda en este pasaje de Romanos que no por ser
descendientes naturales de Abraham, por eso fueron hijos de Dios, sino por la
promesa. Así como la promesa no fue invalidada cuando Dios decidió escoger a
Isaac y no a Ismael, y a Jacob en lugar de a Esaú (todos ellos siendo hijos
naturales de Abraham), de igual forma Dios continúa llamando a los que quiere,
por su gracia soberana, para formar parte de ese pueblo santo, que es su
Iglesia, verdadera Israel.
Pablo trae esta interrogante ante los romanos: “¿Entonces ha desechado Dios a su pueblo? En Ninguna manera porque yo
(Pablo) también soy israelita…” [8] El hecho de que Pablo, al igual que muchos otros judíos pertenezcan a la
esposa del Cordero, su Iglesia, es evidencia de que no ha habido un rechazo
total hacia los hijos naturales de Abraham. En aquél entonces, al igual que
hoy, muchos judíos nacionales están viniendo a los pies de Cristo, lo que
evidencia que ellos no han sido del todo desechados. Dice más adelante: “aún así también en este tiempo ha quedado
un remanente escogido por gracia.” [9] Los gentiles, que eran ramas silvestres, han estado siendo injertados en el
tronco, que es Cristo. Aunque no eran parte natural del olivo (que representa a
Israel), por gracia y por la fe fueron injertados. Muchas ramas han sido
desgajadas del tronco porque no creyeron en el Mesías. Pero de la misma manera:
“…aun ellos, si no permanecieren en
incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a
injertar.” [10]
La fe en Cristo es lo que le permite al ser humano estar injertado en el tronco
santo. Y queda demostrado que para Dios, un judío incrédulo y un gentil
incrédulo son una misma cosa; y de igual forma, un judío creyente y un gentil
creyente son ramas de un mismo olivo: su santa iglesia.
Algunos creyentes que sostienen la posición de la dicotomía (dos pueblos de
Dios, Israel y la Iglesia), afirman que antes del tiempo del fin, Israel
completa, como nación se volverá a Dios, reconociendo a Jesús como Mesías. ¿Es
eso lo que realmente declara la Palabra? Todo esto proviene de la creencia de
que la iglesia surgió como un “accidente” en el plan de Dios, ante el rechazo
de los judíos al verdadero Mesías. Pero cuando la iglesia gentil sea levantada
en el rapto, entonces Dios volverá a ocuparse de su verdadero pueblo. Esta
interpretación y sus variantes han estado por décadas en el pensamiento de
muchos cristianos, debido a la propagación de las doctrinas dispensacionales.
Pero existen otras interpretaciones que se ajustan mejor al texto bíblico.
¿Cómo podemos interpretar el pasaje que afirma que “todo Israel será salvo,
porque vendrá de Sión el libertador, que apartará de Jacob la impiedad”[11]?
¿Se refiere a todo Israel como una nación o al número completo de aquellos
judíos que han sido escogidos por gracia; el remanente fiel?
Romanos 11:5 nos contesta esta pregunta: “Aún en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia”
(subrayado añadido). Note que el remanente de judíos que habrán de creer en
Jesús como Señor y Mesías proviene de una elección por gracia, al igual que los
demás creyentes. Y el hecho de que aún Dios tenga dentro de ese pueblo a un
número de escogidos para salvación, es prueba de que Israel no ha sido olvidado.
Para los judaizantes modernos, la iglesia cristiana que fundaron los
apóstoles, siendo la piedra principal Jesucristo, se contaminó de tal manera
con el paganismo y las costumbres gentiles del imperio romano, que dejó de ser
una verdadera iglesia cristiana. Sostienen que las iglesias cristianas de hoy
tienen muchos elementos del paganismo romano, adoptados por los emperadores
romanos. “El cristianismo es una religión
bastante diferente de la fe original de los apóstoles, como demostraremos más
adelante. Las denominaciones, sectas, iglesias o grupos que componen la
cristiandad quieren ser seguidores del Salvador del mundo, pero la doctrina que
vivió, la adoración que practicó, no son las mismas del cristianismo moderno.”[12]
¿Y en qué
estriba la diferencia que tiene el cristianismo actual de la fe predicada por
Cristo y los apóstoles, según los judaizantes? Primero, porque se eliminó el
sábado y se adoptó el domingo como, según ellos, “día de los paganos romanos”[13].
Rechazaron la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura, igualmente el día
de la expiación y la fiesta de las cabañas o los tabernáculos. Lo primero que
debemos responder a estas erróneas afirmaciones es que mucho de lo que estos
judaizantes señalan como desviaciones del cristianismo solamente se pueden
aplicar a la Iglesia Católica Romana, que ha mezclado muchos elementos
cristianos con tradiciones paganas. Los mesianistas cometen el error de culpar
por asociación a todos los cristianos por las desviaciones de Roma y del
papado. En segundo lugar y con relación al abandono de las mencionadas fiestas
judías, los judaizantes en su deseo de identificarse con las prácticas judías
veterotestamentarias, olvidan e ignoran todas las enseñanzas neotestamentarias
dadas por los apóstoles con relación a la observancia de tales festividades.
Pablo mismo declaró: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es
sombra de lo que ha de venir; pero el
cuerpo es de Cristo.”[14]
Todas estas
fiestas y días celebrados por los israelitas en el Viejo Testamento, o fueron
específicamente para la nación de Israel o fueron sombra de lo que habría de
venir con Cristo. Si ya Cristo vino y cumplió lo que estaba escrito sobre él, y
nos ha dejado un mejor pacto establecido sobre mejores promesas, ¿para qué
vivir bajo los viejos rudimentos del pacto de la ley? Por esto mismo fueron
amonestados los gálatas: “Mas ahora, conociendo a Dios, o más bien,
siendo conocidos por Dios, ¿cómo
es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?
Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.”[15]
Nos
preguntamos, ¿para qué los cristianos debemos celebrar la fiesta de la
expiación, por ejemplo? Si ya Jesús murió en la cruz, cumpliendo así lo que
representaba el sacrificio del cordero en el tabernáculo de reunión. En la
carta a los Hebreos (y sería bueno que nuestros amigos judaizantes leyeran esta
carta y por qué fue escrita), precisamente anuncia el fin de aquello que hacían
los sacerdotes continuamente cada año: “…y
diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto
último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo
de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día
tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados.” [16]
Los judaizantes
modernos acusan a la iglesia cristiana de haberse desviado de la enseñanza
original de los apóstoles, y de la adoración que en sus comienzos se practicó
entre los primeros cristianos. Este tipo de acusación suele utilizarse por los
falsos maestros para así restarle autoridad a la iglesia e intentar demostrar
que se ha apartado de la sana doctrina. Sin embargo un análisis serio de la
historia del cristianismo y las enseñanzas de la Biblia demostrarán que tales
acusaciones representan una farsa. En primer lugar, durante los primeros tres
siglos de la historia de la iglesia, esta se vio azotada por diversas herejías
que intentaron socavar sus mismos cimientos. Interesantemente la primera de
estas herejías fue el intento de los judaizantes de arrastrar a los creyentes
gentiles a los rudimentos de la ley, lo cual fue duramente combatido por los
apóstoles. Y nos llama la atención el hecho de que estos judaizantes también
estén defendiendo la herejía de los arrianos, los cuales durante el siglo
tercero negaron la doctrina bíblica y apostólica de la Trinidad.
Se valen de
medias verdades para acusar a todos los cristianos de eventos que solo pueden
achacarse a lo que eventualmente se convirtió en la Iglesia Católica Romana. La
fusión de la iglesia y el estado bajo Constantino, solamente afectó a los
cristianos que habitaban en la región de Italia y sus alrededores. No así otras
iglesias que se hallaban en las regiones del norte de África, en Asia Menor y
Egipto sobre las cuales Roma no tenía entonces ninguna autoridad ni ingerencia.
Ignoran totalmente que aún en tiempos donde el cristianismo se vio a punto de
ser arropado por las herejías, siempre hubo cristianos que mantuvieron una
doctrina íntegra y fiel al cristianismo ortodoxo.
En cuanto a la
adoración, ningún intérprete serio de la Biblia podrá encontrar una descripción
metódica y clara de cómo se rendía culto a Dios en el Nuevo Testamento. No hay
un solo mandato neotestamentario que indique de qué
forma y manera se debe adorar a Dios; a diferencia de lo que vemos en Antiguo Testamento.
Solamente hallamos principios de la adoración y algunas referencias vagas.
Jesús le indicó a la samaritana que el Padre busca adoradores que le adoren en
espíritu y en verdad[17].
Y en los Hechos de los Apóstoles se hace referencia a la vida de los primeros
cristianos diciendo que se reunían en las casas y adoraban a Dios con alegría y
corazón sencillo[18]. Los cristianos judíos
iban al templo a orar. Pero ya tan temprano como en los Hechos, se indica que
se reunían el primer día de la semana (domingo) para partir el pan y adorar
juntos[19].
Los mismos
apóstoles claramente enseñaron que el asunto de guardar el shabbath
o cualquier otro día era un asunto de la conciencia de cada creyente. En
Romanos nos dice: “Uno hace diferencia
entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente
convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor;
y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace”.[20] Los que hemos creído entramos ya en su reposo[21].
Cristo es nuestro Shabbath, y en él se cumple lo que
la ley anunciaba como sombra de los bienes venideros.
El Dr. Donald Moore escribe: “El primer
día de la semana es el que conmemora la resurrección de nuestro Señor y el día
cuando el Cristo resucitado se presenta entre los suyos. Nos recuerda el inicio
del nuevo pacto que tiene como base la muerte del Mesías con su significado
inigualable y su victoria sobre la muerte. De manera que es el día predilecto
en el cual el cristiano celebra su libertad de la esclavitud del pecado y
conmemora su nueva creación en unión con Cristo. Es también un día de esperanza para la pronta
venida del Señor. De manera que el día del Señor es tanto memorial de la
resurrección como anticipación de su regreso. Por eso muchos cristianos nos
reunimos voluntariamente para adorar al Dios de la gracia, pues no hay una ley
escrita que nos obligue a reunir, nos encontramos libres del legalismo del
antiguo pacto y sus tradiciones”[22].
Resulta
sumamente importante que los verdaderos judíos mesiánicos rechazan tajantemente
lo que pretenden hacer los judaizantes: “Me encanta ser judío. Me
encanta el estilo de vida distintivo que Dios le ha dado a Su pueblo elegido,
enraizada en la Torá, costumbres y tradiciones
antiguas. Animo a otros judíos mesiánicos a abrazar este estilo de vida
distintivo. Pero, me preocupan profundamente aquellos que presionan a nuestros
hermanos cristianos gentiles para que vivan como nosotros”[23].
Continúa diciendo… “Como cristianos, al acercarse más al Mesías, son santos, completos y rectos. El Rabino Pablo, comunicándose específicamente con los creyentes gentiles, escribe: "En El (Yeshúa) habita la plenitud de la deidad en forma corporal, y en El han sido ustedes hechos completos... en El han sido asimismo circuncidados con una circuncisión hecha sin manos, al ser removido el cuerpo de la carne por la circuncisión del Mesías... El los ha hecho vivir junto con El, habiéndonos perdonado todas nuestras transgresiones... Por lo tanto nadie podrá juzgarlos respecto a comidas o bebidas o respecto a una festividad o una luna nueva o el día del Sábado, cosas que son una mera sombra de lo que ha de venir; pero la sustancia pertenece al Mesías” (Colosenses 2:9-17). ¿Quiere usted decir que un gentil que se ha unido al Mesías judío por haber creído en El, ha sido hecho completo en un 100%? ¿No le falta nada? ¡Exactamente eso es lo que significa! Dios lo considera espiritualmente circuncidado y por lo tanto un participante completo del Nuevo Pacto. Está lleno de vida espiritual y todos sus pecados han sido perdonados. Tiene libertad acerca de lo que come o bebe y acerca de celebrar o no las festividades judías y el Sábado. Ellas son, después de todo, solo sombras, y él está unido a la Realidad, que es mayor que las sombras. Pero tiene la libertad de celebrar el Sábado y observar las festividades y guardar kosher si lo escoge. Si un cristiano desea observar una festividad o costumbre bíblica, hay libertad para hacerlo, pero no hay obligación. Si un cristiano dice, “Sé que el Mesías es mi pascua y no necesito celebrar un Seder de Pascua”, está en lo correcto. Si otro dice, “Deseo celebrar la pascua porque me ayuda a acercarme más a mi maravilloso Mesías Judío, mi Cordero pascual”, también está en lo correcto. Si un cristiano dice, “Se que Yeshúa es mi Sábado y me da reposo, pero quiero adorar a Dios el Domingo, como lo han hecho los cristianos durante siglos”, también está bien. Tampoco debemos centrarnos en la comida ya que "el reino de Dios no es comida ni bebida, sino la rectitud y la paz y la alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Aunque este gran embajador judío a los gentiles guardaba kosher, Pablo entendió que lo que come y bebe un cristiano no es lo esencial”[24].
Este rabino
cristiano ha entendido claramente la enseñanza bíblica y él al igual que muchos
otros judíos convertidos ha elegido voluntariamente practicar su fe dentro de
las costumbres y tradiciones de su pueblo. Pero claramente afirma que los
gentiles no están obligados a hacerlo pues el que ha creído en Él ya está
completo. De hecho no hay nada malo en que un cristiano gentil desee por
voluntad y convicción propia practicar algunas de las costumbres judías. Pienso
que no hay necesidad de ello, teniendo en Cristo el cumplimiento de lo que los
rudimentos de la ley anunciaban. Pero si deseara hacerlo, no peca contra Dios.
El problema está cuando se procede a menospreciar y a condenar a aquellos que
bajo la libertad de la gracia de Dios no desean hacerlo. El problema de los
judaizantes contra los cuales Pablo combatió no era que ellos como judíos
querían seguir circuncidando a sus hijos y guardando el sábado. Lo que fue
condenado por los apóstoles fue el intento de inquietar y perturbar a los
cristianos que no deseaban hacerlo.
Y ese ha sido
siempre el problema del legalismo: pretender hacer superior a unos por ciertas
cosas que practican, sea por la comida, por los días o por el vestido, cuando
ya los redimidos hemos sido hechos aceptos en el Amado; ya estamos completos en
Cristo por medio de la justicia perfecta que nos ha imputado. Ningún cristiano
que de verdad ha gustado la gloriosa libertad que tenemos en Cristo, y el
maravilloso pacto cuyas promesas son superiores, querrá en su sano juicio
volverse a pobres y débiles rudimentos. Debemos concluir que los que lo hacen
realmente no han gustado o no han conocido realmente lo que Cristo nos ha
concedido. Esa gracia que los profetas del Antiguo Testamento hablaron y
diligentemente indagaron acerca de ella, y que entendieron que no era para
ellos, sino para nosotros[25].
Otro argumento
con los cuales acusan los judaizantes a los cristianos es que el Dios que
adoramos es una deidad falsa pagana, y no el verdadero Dios de la Biblia. Así
lo afirman en uno de sus escritos: “El dios del noventa y nueve por ciento del
mundo cristianos es simplemente Bel, Moloc, Zeus, o
cuando mucho Osiris, Mitra, o Adonis, aunque con
otros nombres modernos, a quienes la gente adora con las antiguas ceremonias
paganas y fórmulas ritualistas… Yahweh no es el Ser
Supremo del cristianismo… la religión moderna ignora el nombre de Yahweh”[26].
Esta acusación
no es verdadera. El Dios de la cristiandad es el mismo Yahweh/Jehová,
de la Biblia y así lo confirman los credos y las confesiones más antiguas de la
teología cristiana ortodoxa. Basta hacer un examen al Credo Apostólico, a la
Confesión Belga, la Helvética, el Catecismo Menor y Mayor, Westminster,
las Confesiones de Londres y otras, para darse cuenta de la fidelidad de las
mismas al cristianismo histórico.
Alegan además
que los griegos se apartaron de la verdadera fe al cambiar el nombre hebreo
inspirado de Yeshúa ha Mashah
(Jesús el Mesías) por el título de Cristo. Al hacer esto, el cristianismo
moderno se apartó de la senda antigua, del camino de la dedicación y de la
adoración pura. Nuevamente esta acusación carece totalmente de fundamento.
Estos judaizantes cometen el mismo error de los romanistas cuando rechazaban el
que las Escrituras se tradujeran del latín de la Vulgata a las lenguas más
modernas. Con la Reforma, Martín Lucero tradujo la Biblia al Alemán, poniendo así
la Palabra de Dios en las manos del pueblo común. En segundo lugar, dan la
impresión de que no han leído el Nuevo Testamento. Cristo es una traducción
griega del vocablo hebreo Mesías. Es un título que los mismos apóstoles
utilizaron cuando escribieron en griego koiné a las
iglesias gentiles: “…y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”[27].
El Evangelio de Mateo claramente afirma que Jesús es llamado “el Cristo” o el
Ungido, lo mismo que otros pasajes como Mateo 11:2, Marcos 9:41, Lucas 2:11,
Romanos 5:6, 6:8, etc.
Resultan
extraños estos argumentos cuando los mismos judíos, temiendo utilizar en vano
el nombre santo de Dios, YHWH, empleaban en sustitución el nombre “Adonai” que
se traduce como el Señor. ¿Acusaremos por ello a los judíos de haber abandonado
o haberse desviado de la Torah? Por supuesto que no. Así
como Dios se reveló con muchos nombres en el Antiguo Testamento: Nisi, Jireh, Rafá,
etc., el Nuevo Testamento nos provee diversos nombres para referirnos a Jesús,
el Mesías. Todos estos nombres bíblicos son legítimos y podemos emplearlos para
adorar a Dios y a Jesucristo, pues manifiestan sus diversos atributos. Estos
argumentos representan una forma más de legalismo innecesario.
El arrianismo,
como hemos indicado, fue una herejía que se propagó ampliamente durante el segundo
y parte del tercer siglo de la era cristiana. Negaban la doctrina de la
Trinidad, alegando que Jesús no era coeterno y consustancial con el Padre, sino
el primer ser creado por él. Básicamente lo mismo que enseñan hoy día los
Testigos de Jehová. Los mesiánicos judaizantes o nazarenos como se denominan
algunos, adoptan esta interpretación, negando así una esencial y fundamental
doctrina cristiana. El argumento es que esta doctrina no tiene realmente base
en las Escrituras. Sin embargo, al citar varios pasajes bíblicos,
deliberadamente excluyen ciertos textos claves que hacen a Jesucristo igual a
Dios, copiando la estrategia de los Testigos de Jehová.
Pasajes como
Isaías 9:6, donde se le llama al Mesías que nacerá con los títulos de Dios
fuerte y Padre eterno; Romanos 9:5, Filipenses 2:6, y otros más son pasados por
alto. Además, ¿por qué causa los sacerdotes y escribas condenaron a Jesucristo
bajo el cargo de blasfemia? ¿En qué consistía esa blasfemia? La Escritura nos
lo muestra con claridad en Juan 5:18 nos dice que más que quebrantar el día de
reposo, lo que más le molestaba a ellos era que Jesús se estaba haciendo igual
a Dios mismo.
Hallamos otros
pasajes en el Antiguo Testamento que utilizan el plural al referirse a Dios.
Por ejemplo, Génesis 1:26 “Hagamos al hombre a nuestra imagen…”. También
Génesis 3:22, “He aquí que el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros,
conociendo el bien y el mal. Génesis 11:7, “Vamos,
pues, descendamos y confundamos allí su lenguaje…”. Y también Isaías 6:8, “¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?”
Según progresa
la revelación acerca de Dios, en el Nuevo Testamento hallamos suficientes
referencias que presentan al Mesías como divino e igual al Padre. La doctrina
bíblica del Dios Triuno establece que aunque Jesús es
igual a Dios, es a la misma vez una Persona distinta. Por eso podía hablar con
el Padre y este le respondía. Esta doctrina representa uno de los más grandes
misterios que no pueden ser entendidos por la mente humana finita. Estos
judaizantes hacen el intento de pretender racionalizar el misterio de la
Trinidad y como encuentran que no se ajusta a la lógica humana, entonces
proceden a rechazarlo y ridiculizarlo. Dicen: “Si Yahweh
es un ser inmortal, no puede morir; entonces no fue Yahweh
quien murió en el Gólgota, tuvo que haber sido un ser mortal. Ese fue el hombre
Yeshúa…”[28]
Pasan por alto
el pasaje que dice: “el cual, siendo en
forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los
hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose
obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó
hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el
nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la
tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el
Señor, para gloria de Dios Padre”[29]. Jesús se despojó
de su gloria y se hizo hombre y se humilló hasta la muerte de la cruz. Por eso
dice que fue exaltado y se le dio un nombre que es sobre todo nombre. ¿Y cuál
es ese nombre? Lo dice el texto mismo, que toda lengua declare que Jesús es
“Adonai”, “kurios”, el Señor. El título que solamente
puede utilizar Dios, cuyo nombre es sobre todo nombre, es el mismo que posee
Jesús.
Históricamente
los que niegan la Trinidad se agrupan principalmente bajo dos tendencias: los
arrianos y los modalistas[30].
Los primeros declaran que Jesús es un ser creado y aparte de Dios, mientras que
los segundos afirman que las tres personas de la Trinidad son únicamente
manifestaciones o modalidades de Dios. Ambos fallan en expresar la verdadera
doctrina de la Santa Trinidad, la cual sostiene que Dios, dentro de la unidad y
la perfección de su ser eterno, es tres además de ser uno, estando los divinos
tres relacionados el uno con el otro mutua y personalmente[31].
Otro error que cometen los judaizantes consiste en afirmar que la doctrina
cristiana de la Trinidad ha sido copiada de otras religiones no cristianas, y
por ende es una enseñanza de origen pagano. No es la primera vez que los
enemigos de la doctrina de la Trinidad hacen esta clase de acusación que carece
totalmente de fundamento alguno. Se ha citado el ejemplo de la triada egipcia
de Osiris (el padre), Isis
(la madre) y Horus (el hijo). Otro ejemplo se puede
observar en el hinduismo: Brama (la realidad última), Siva
(el destructor) y Visnú (el restaurador). Sin
embargo, estos ejemplos en nada constituyen una trinidad pagana, sino que son
esencialmente triteístas (tres dioses). La doctrina
cristiana de la Trinidad es una exclusiva del cristianismo histórico. De hecho,
los rechazos de esta doctrina tienden a repetir los puntos de vista heréticos
que se establecieron durante los períodos patrístico, medieval o de la reforma con
la herejía de Miguel Servet.
Hay aspectos de
la naturaleza divina, que los seres humanos jamás llegaremos a comprender por
nuestra capacidad limitada. Nuestro Dios, Yahvéh es
tan trascendente y glorioso, que va por encima de cualquier ejercicio humano de
raciocinio. En palabras del Dr. Donald Moore, “Podemos concluir que este aspecto de la pluralidad
entre la unidad de Dios solo refleja para nosotros parte de su misterio
impenetrable por la mente finita del ser humano. Siempre hay algo de Dios
inexplicable, que el ser humano es capaz de recibir como una revelación de una
realidad inalcanzable a través de su mente racional o sus sentidos”[32].
Como expresé al
inicio de este escrito, practicar las costumbres y tradiciones judías cuando se
es judío, y a la vez reconocer a Jesús como verdadero Mesías es algo positivo y
aceptable. Existen en la actualidad muchos grupos mesiánicos que se mantienen
fieles a las doctrinas esenciales del cristianismo y a la misma vez celebran
sus festividades bajo su contexto cultural. Lo que es totalmente inaceptable, antibíblico y nocivo para la fe cristiana es pretender
judaizar a gentiles, bajo la excusa de rescatar una fe que supuestamente fue
adulterada después de los apóstoles, cosa que no aguanta un análisis bíblico e
histórico serio. Hay evidencia de sobra en las epístolas apostólicas para
condenar y censurar esta práctica. Pero más nocivo y peligroso aún que lo
anterior, es el rechazo a las doctrinas más fundamentales de la fe cristiana
histórica, como la divinidad de Cristo, la suficiencia de su sacrificio
expiatorio para presentar perfecto (a parte de la ley) a todo el que cree y la
inerrancia de las Escrituras. Esto indudablemente convierte a este grupo de
pseudo mesiánicos en una secta falsa y una herejía blasfema.
[1] Hebreos 8:6
[2] Gálatas 5:6
[3] Romanos 3:9
[4] Gálatas 1:14
[5] Filipenses 3:3-9
[6] Colosenses 2:11
[7] Romanos 9:6-8
[8] Romanos 11:1-2
[9] Romanos 11:5
[10] Romanos 11:23
[11] Romanos 11:26
[12] Material escrito anónimo, redactado por miembros de la secta de
judíos mesiánicos, p. 1
[13] Ibid. p. 5
[14] Col. 2:16-17
[15] Gál. 4:9-10
[16] Heb. 10:9-11
[17] Juan 4:23
[18] Hechos 2:46
[19] Hechos 20:7
[20] Romanos 14:5-6
[21] Hebreos 4:3
[22] Moore, Donald,
T., Las doctrinas sanas y las sectas
malsanas. Tomo I, P. 142.
[23] Rabino Loren, Congregación Shema Ysrael
[24] Rabino Loren, Congregación Shema Ysrael.
Página Internet: www.shemaysrael.org
[25] 1 Pedro 1:10
[26] Pike, Moral
y Dogma, p. 296.
[27] Mateo 1:16
[28] Material escrito por judíos mesiánicos, p. 21.
[29] Filipenses 2:6-11
[30] Ramos, M. A., Nuevo diccionario de religiones denominaciones y
sectas, p. 208.
[31] Garret, Teología Sistemática I, p. 302.
[32] Moore, Donald,
T., Doctrinas Sanas y las sectas malsanas,
Tomo I, p. 3.