Cristianos ante los hallazgos arqueológicos sensacionales

POR: Dr. Donald T. Moore

 

Recientemente la prensa ha publicado artículos acerca de ciertos artefactos encontrados en tierras bíblicas o relacionados con los incidentes bíblicos.[1] También los cristianos encuentran en la Internet y la televisión documentales acerca de los hallazgos arqueológicos, tales como el osario de Jacobo,[2] el manto de Turín,[3] las ruedas de los carros antiguos del éxodo y el estanque de Siloé.[4] Por eso cuando hacen preguntas acerca de estos artefactos, evidencian diferentes actitudes hacia estos descubrimientos. A veces piensan que los encuentros "prueban la Biblia" o proveen confirmación decisiva de alguna doctrina cristiana, pero otros creen que la arqueología ofrece poco o ningún valor para los conocimientos bíblicos, porque según ellos debemos basar nuestras creencias en la fe solamente y no en las piedras, inscripciones o artefactos. Todavía otros, principalmente ciertos intelectuales en círculos académicos, reaccionan con gran escepticismo hacia cualquier hallazgo sensacional que pudiera apoyar la Biblia. Suponen fraude o engaño hasta que sea comprobado indudablemente auténtico.

 

¿Cuál sería la postura cristiana más balanceada e informada acerca de estos hallazgos? La misma Biblia exhorta a los cristianos a juzgar "con justo juicio" (Jn 7:24), a "probar todo" y "retener lo bueno" (1 Te 5:21); también debemos estar "siempre listos para responder ... de la esperanza" que tenemos (1 Pe 3:15). Si aplicamos estas exhortaciones a la arqueología bíblica, nos retarán a examinar los hallazgos que arrojan luz sobre los relatos bíblicos más bien que pasarlos por alto. Si reaccionamos así, descubriremos que normalmente la arqueología bíblica confirma que las historias en la Biblia fueron colocadas correctamente en su trasfondo histórico, social, geográfico y cronológico.

 

La naturaleza de la evidencia arqueológica

Es importante dar un repaso breve y ver la naturaleza de la evidencia arqueológica encontrada por los arqueólogos profesionales. Primero, la mayoría de los hallazgos es materia mundana o terrenal, aunque a veces se descubre algo espectacular. O sea, normalmente encuentran la basura duradera de la antigüedad, como pedazos de cerámica de la alfarería de muchas diferentes épocas. Aunque tal basura puede ayudarnos a saber más acerca de la vida en las tierras bíblicas del antiguo Oriente Cercano, no obstante, dice muy poco específicamente acerca de la Biblia y su mensaje.

Segundo, la evidencia arqueológica es muy, pero muy fragmentaria. Esto se debe principalmente a que más del 90% de los sitios antiguos en el Oriente Cercano NUNCA han sido excavados, aunque muchos vinculados con el mundo bíblico han sido excavados sólo parcialmente. ¿Por qué no todo ha sido excavado? Las diferentes razones varían, pero incluyen la falta de tiempo de parte de los arqueólogos y la escasez de recursos económicos y personal. También algunos sitios son demasiado enormes[5] o se encuentran debajo de edificaciones modernas que no permiten excavaciones. Pero la razón más importante se debe a que la excavación en sí es destructiva. Por eso muchos arqueólogos excavan sólo secciones pequeñas para así dejar áreas sin molestar a futuras generaciones que puedan examinar los sitios cuando haya mejorado la tecnología, los métodos y los medios de investigación.

 

Pero hay otro problema adicional vinculado con la evidencia ya descubierta: se ha publicado sólo una fracción de los hallazgos. Esta publicación inadecuada significa que se pierde una información valiosa como si nunca hubiera sido excavada. Los relativamente pocos objetos o sitios de conocimiento general son únicamente una fracción pequeña del récord arqueológico existente. Esto significa que muchos de los argumentos en contra de la exactitud de la Biblia están basados en una falta de confirmación arqueológica, lo cual quiere decir que fundamentan sus razones en el silencio por no tener toda la información ya descubierta. Como tales alegaciones son muy débiles, numerosas teorías negativas del pasado acerca de los relatos bíblicos han sido modificadas o descartadas durante el último siglo y medio a medida que los nuevos descubrimientos salen a la luz pública -- y hay mucho más todavía por ser descubierto o publicado. Pero existe otro problema: muchos artefactos son descubiertos y muchos sitios excavados por personas que no usan las mejores técnicas científicas y trabajan sin controles y récords adecuados.

 

El problema de los excavadores no profesionales y el osario de Jacobo

El problema es que algunos buscadores de antigüedades como los ladrones de tumbas y otros excavadores no profesionales crean situaciones difíciles. Tal vez este sea el caso del osario de Jacobo, porque gran parte de la controversia acerca de esta caja de piedra para huesos de los difuntos se debe a que no fue encontrado en una excavación oficial. Una o más personas desconocidas encontraron el osario;  luego, lo entregaron o vendieron a otros antes de que Oded Golan, un comerciante de antigüedades en Jerusalén, lo comprara en la década de 1970.

 

Se sabe que los osarios fueron usados en Jerusalén y sus alrededores entre los años 20 a.C. al 70 d.C., pero más allá de esto se sabe poco acerca del trasfondo de este hallazgo potencialmente significativo. No obstante, una inscripción en el osario provee algunas señales debido a la forma y el estilo de las letras arameas y la pátina, una capa de barniz, sobre las letras que dicen: "Jacobo hijo de José, hermano de Jesús." Tanto la inscripción como la pátina están en disputa. Si un equipo de excavadores cuidadosos hubiera encontrado el osario en su ambiente original, habría mucho menos duda acerca de su autenticidad.

 

Por ahora, el veredicto "oficial" sobre el osario emitido por la Autoridad Israelita de Antigüedades (AIA) es que se trata de una falsificación reciente. Se basó esta conclusión principalmente en pruebas químicas de la pátina. Posteriormente otros comentarios menos objetivos pero potencialmente dañinos han aparecido también. El profesor universitario Eric Meyers ha informado que dos estudiosos[6] dicen haber visto el osario en el taller de Oded Golan a mediados de 1990, pero en ese tiempo la inscripción no incluía la frase clave: "hermano de Jesús."

 

Varios eruditos cuestionaron el hallazgo de la AIA y pidieron más pruebas. Hershel Shanks de la revista Biblical Archaeological Review, entre otros, indica que el equipo de AIA incluyó a dos epigrafistas (expertos en la escritura) que no pensaron que las inscripciones eran falsificaciones hasta después de que oyeron que las pruebas de la pátina daban evidencia de influencia moderna. O sea, si la inscripción fuera una falsificación moderna, no estaba claramente evidente a los expertos por las letras solas. Shanks defiende la autenticidad de la inscripción señalando las inconsistencias en los escritos de Zias, los epigrafistas de la AIA y en las pruebas de la pátina. Evidentemente sospecha que una limpieza reciente de la inscripción, no una falsificación, fue la causa de las anomalías en la pátina. En este momento no es posible todavía llegar a una conclusión informada acerca de la autenticidad de la inscripción del osario de Jacobo.[7]

 

A veces cuando una conclusión oficial definitiva no es posible, como en este caso del osario, algunos cristianos abrazan una conclusión sin considerar sus consecuencias. Por ejemplo, si más evidencia prueba sin duda alguna que la inscripción sea falsa, serían desacreditados los argumentos apologéticos o doctrinales que proclamaban nueva evidencia física sobre la existencia de Jesús[8] y Su hermano Jacobo.[9] Pero si la inscrip­ción del osario resulta ser auténtica, quedará suficiente tiempo para sacar las conclusiones acertadas y divulgarlas. Mientras tanto un gran caudal de información arqueológica e histórica ya está a nuestra disposición para probar la existencia de Jesús, Jacobo y docenas de otras personas, lugares y sitios mencionados en la Biblia. Nos incumbe como cristianos leer y estudiar más allá de las primeras planas sensacionalistas de la prensa. Un análisis profundo nos ayudará a tener el cuidado necesario para evitar la posibilidad de que las conclusiones apresuradas nos resten credibilidad.

 

La lentitud de la toma de decisión científica

A veces los científicos tardan décadas antes de llegar a una decisión definitiva en cuanto a la validez de un artefacto. Eso ha sido el caso del manto de Turín, también identificado como la sábana sagrada. Este manto fue una sábana de entierro que cubría a un hombre muy golpeado y  crucificado. Parece que la controversia surgió por primera vez en 1898 cuando un fotógrafo italiano se dio cuenta que en el negativo de una foto del manto salió una imagen positiva de un hombre que muchos creían ser la de Jesús. A finales de 1980 un equipo de científicos logró hacer un análisis serio que incluían pruebas del carbono 14 para verificar la fecha de su origen. Los resultados de los laboratorios de diferentes universidades en dos países coincidieron en una fecha entre 1260 y 1390 d.C., así eliminando una relación directa de la sábana con la muerte o la resurrección de Jesús.

 

No obstante, hoy hay estudiosos que siguen creyendo en su autenticidad. Señalan que todavía no existe ninguna explicación adecuada de cómo se produjo la imagen en el manto. Además, insisten en que las muestras de las telas usadas en la prueba del carbono 14 fueron contaminadas de varias maneras.

 

Concluimos, pues, que los cristianos deben estar al tanto del manto y del osario, pero no deben usarlos como prueba en la apologética o en los debates doctrinales. Existe hoy abundante evidencia arqueológica de manera que no conviene usarlos como ejemplo, a menos que hagamos claro que estamos en espera de más seguridad para llegar a una conclusión definitiva acerca de su valor como evidencia.

 

El valor positivo de la arqueología

Existen áreas claves donde la arqueología ha sido de ayuda especial en el estudio de la Biblia. Primero, los numerosos manuscritos encontrados permiten la reconstrucción de un texto bíblico confiable, uno que sea substancialmente el mismo de los autores humanos originales. Tenemos desde 1980 más de 5,366 manuscritos[10] del Nuevo Testamento y docenas del Antiguo que han sido descubiertos durante el último siglo y medio.

 

Segundo, las fechas confiables para estos manuscritos establecen que el tiempo más reciente para la composición original de muchos de los libros bíblicos es más temprano de lo que los críticos de los textos pensaban posible. Por ejemplo, en el Nuevo Testamento algunos eruditos apoyaban la teoría de que el evangelio de Juan fue escrito para 250 d.C., pero ya esta suposición es obsoleta debido al descubrimiento en Egipto a principios del siglo XX de un pequeño fragmento de Juan, lo cual ha sido fechado cerca del año 125 d.C. En el caso del Antiguo Testamento, en 1979 dos pequeños amuletos (rollos) de plata fueron excavados cerca de Jerusalén. Fechados para el siglo VII a.C., contienen una copia de parte de Números 6:24-26 que dice "Jehová te bendiga y te guarde. Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. Jehová levante hacia ti su rostro, y ponga en ti paz" (RVA). Este hallazgo hace claro que sea mucho menos creíble la alegada fecha de composición de 530 A.C. apoyada por algunos críticos de esta sección de Números.

 

Tercero, la arqueología ayuda a demostrar que ciertos lugares, personajes y pueblos mencionados en la Biblia existían cuándo y dónde las Escrituras la afirman. En cuanto al Nuevo Testamento varias inscripciones han confirmado la existencia de Poncio Pilato, el sumo sacerdote Caifás y otros. En el caso del Antiguo Testamento hay muchos ejemplos. Uno es una inscripción encontrada en 1993 en Tell Dan en el norte de Israel y con fecha cerca del 800 a.C. que provee la confirmación más antigua extrabíblica de la existencia de la "casa de David," o sea, el Rey David y su dinastía reinante.

Cuarto, hoy tampoco existe disputa seria de la autenticidad o la fecha de estos hallazgos arqueólogos, o sea, el fragmento de Juan, los amuletos de plata y la inscripción de Pilato. Por lo tanto con toda esta evidencia incuestionable, no hace falta defender la fe cristiana o la Biblia con artefactos dudosos o potencialmente fraudulentos cuando muchos hallazgos sólidos ya están a la mano.

 

Las limitaciones de la arqueología

Cabe señalar ciertas limitaciones[11] de la arqueología en cuanto al estudio de la Biblia. Primero, con frecuencia los documentos y fuentes históricos proveen mejor evidencia para la confirmación de la existencia de ciertos aspectos de la cultura y los elementos claves de las vidas de personajes bíblicos. Las mismas son superiores a las inscripciones y los artefactos que nos provee la arqueología. Pero hay una limitación aun más importante: aunque un hallazgo podría demostrar que un evento bíblico ocurrió de verdad, la arqueología NUNCA podría explicar el significado teológico de dicho acontecimiento y la revelación bíblica normalmente consta de eventos históricos y sus interpretaciones, o sea su significado. Así en ese sentido la arqueología NUNCA podrá "probar la Biblia,"[12] aunque sí muchas veces puede suplir información adicional acerca de la época histórica, la cultura vigente y el medio ambiente.



[1]Daniel L. Hoffman, "Christians and archaeology," Christian Research Journal (XXVII:5), 52-53. Este artículo ha servido como una base esencial para este artículo.

[2]Algunos artículos en la prensa: Andre Lemaire, "Burial Box of James the Brother of Jesus," Biblical Archaeology Review, XXVIII:6 (nov y Dic, 2002), 24-31, 70 y su página en la Internet www.biblicalarchaeology.org. "Primer vestigio del nombre de Jesús," El Nuevo Día (23 octubre 2002). David Van Biema, "El hermano de Jesús," Steve Weizman, Revista Domingo, El Nuevo Día (22 dic, 2002), 8-9. "Falso el osario del hermano de Jesús," El Vocero (19 junio 2003), 43. "'Falso' hallazgo sobre la familia de Jesús," El Nuevo Día (19 junio 2003), 109. "Israel: Inscription on Burial Box a Fake," The San Juan Star (29 June 2003), 25. "The Storm over the Bone Box," Biblical Archaeology Review (Sept - Oct., 2003), 26-39, 83. Jason Keyser, "Refuta estudio sobre cripta de Santiago," El Vocero (22 dic 2003), 46; Jason Keyser, "Misteriosa inscripción del pasado," El Nuevo Día (22 dic 2003), 80.

 [3]Ver "¿Es genuino el manto de Turín?" Las Doctrinas Sanas y las Sectas Malsanas, Vol IV:29-30.

[4]Ramit Plushnik-Masti, "Descubierto el estanque de Siloé," El Nuevo Día, (24 dic 04), 109.

[5]Harvey E. Finley, "Níneve," Diccionario bíblico arqueológico, editado por Charles F. Pfeiffer (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 1982), 487.

[6]Hershel Shanks, "Lying Scholars?" Biblical Archaeology Review (May-June, 2004), 48-52, 61-62. Se identificó uno como Joe Zias.

[7]Además, un análisis de la situación por el programa "60 Minutes" de CBS en el cable TV en el año 2004 anticipó un pronto arresto de Oded Golan por las autoridades gubernamentales Israelíes por violaciones de las leyes vinculados con las antigüedades. En Christianity Today Gordon Govier informó que el 29 de diciembre de 2004 las autoritades en Israel acusaron a Obed Golan como el líder de un grupo de falsificadores de antiquidades ["The Mystery of Antiquities," (Mar 2005), 24-25].

[8]"Preguntas que la gente hace [sobre la historicidad de Jesús]," DSySM, IV:1, 4-7.

[9]"¿Quiénes son los hermanos del Señor?" DSySM I:23-25.

[10]"Preguntas que la gente hace," La Sana Doctrina (Nov-Dic, 2004), 7-9 y "Fe de errata," (enero-feb 2005), 11-12.

[11]K. A. Kitchen, The Bible in its World (Exeter: The Paternoster Press, 1977), 11-14.

[12]En ese sentido tampoco puede refutar (“disprove”) la Biblia.