G-12

¿Una herejía o simple modelo de iglesia celular?

Por René X. Pereira

 

 

 

Existen hoy día gran cantidad de estrategias y modelos diseñados para el crecimiento de la iglesia y cómo establecer un método para la multiplicación y crecimiento de las mismas. El modelo de iglesia celular no es nuevo. Desde hace décadas se emplea de manera generalizada en diversos ministerios en todo el mundo. Iglesias de diversas denominaciones e independientes utilizan el sistema de grupos pequeños para facilitar el discipulado y las mega iglesias lo emplean también para proveer ese ambiente de compañerismo y contacto personal que es muy difícil lograr en congregaciones de muchos miembros. Si la llamada Visión G-12 fuera simplemente un sistema más diseñado para los fines antes mencionados, no habría ningún problema. Sin embargo, al estudiar profundamente las enseñanzas y el andamiaje de este movimiento, veremos que se trata de algo más allá, que parece no ser evidente a simple vista.

 

Una visión caída del cielo

Según su propio gestor, el pastor colombiano César Castellanos, el G-12 no es una alternativa adicional o un recurso entre muchos que existen, sino la visión revelada de Dios para la iglesia de este tiempo. Castellanos relata su experiencia diciendo: Estando en uno de mis prolongados períodos de oración, pidiendo dirección de Dios para algunas decisiones, clamando por una estrategia que ayudase a la fructificación de las setenta células que teníamos hasta entonces, recibí la extraordinaria revelación del modelo de los doce. Dios me sacó el velo. Fue entonces que tuve claridad del modelo que ahora revoluciona el mundo en cuanto al concepto más eficaz para la multiplicación de la iglesia: los doce. En esta ocasión escuche al Señor diciéndome: Vas a reproducir la visión que te he dado en doce hombres, y estos deben de hacerlo en otros doce, y estos, a su vez, en otros. Cuando Dios me mostró la proyección de crecimiento me maravillé”.[1]

 

Este reclamo de una revelación directa de parte de Dios pretende hacer de la visión G-12 una de naturaleza exclusiva, superior y única. Por supuesto, este reclamo debe ser tomado con pinzas e inmediatamente ponernos en alerta. Por lo general, cuando una persona declara que lo que dice proviene de una revelación especial o comunicación directa de parte de Dios o de Jesucristo mismo en persona, ya está colocando la Escritura como una fuente de autoridad inferior.

 

César Castellanos, al igual que su esposa Claudia, fundadores de la Misión Carismática Internacional han reclamado este tipo de experiencias en repetidas ocasiones. El pastor Castellanos, por ejemplo, declaró que había tenido una experiencia donde su espíritu se desprendía de su cuerpo y entablaba una lucha con Dios: “Sentí mi espíritu desprendiéndose de mi cuerpo. Luché; pero una fuerza invisible manejaba mi alma. De repente, vino a mi mente la prueba del mes anterior y recordé las palabras “no es la hora”. Me apropié de ellas y dije: Señor, no es posible que permitas esta muerte, no es la hora, tú me necesitas en la tierra, dame fuerzas para regresar a mi cuerpo y poder levantarlo en tu nombre”.[2]

 

Las palabras de Castellanos reflejan una actitud arrogante y prepotente. Si fuera real esta conversación, ¿cómo un ser humano puede decirle a Dios que no es su tiempo de morir? Más aún, ¿quién es Castellanos para decirle a Dios que Él lo necesita en la tierra, como si fuera indispensable? ¡Qué diferencia con las palabras del apóstol Pablo! Él declaró: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Fil. 1:21). Si era necesario por la obra, Pablo estaba dispuesto a permanecer en la tierra, pero su deseo era estar con el Señor. Nunca, siendo apóstol, se atrevió a decirle a Dios que Él lo necesitaba en la tierra. Al contrario, los verdaderos siervos de Dios se ven a sí mismos como lo que son, meros instrumentos a los cuales Dios en su gracia se place en utilizar para Él glorificarse.

 

Claudia Castellanos va aún más lejos al declarar que Dios le indicó que fuera a bautizarse nuevamente en el río Jordán en Israel. Pero no simplemente a bautizarse en dicho río, sino que debía buscar a un profeta que tuviera el ministerio de Juan el Bautista. Afirma que consiguió a este hombre, un misionero mexicano, y fue al Jordán a ser bautizada. Posteriormente declara que: …sentí literalmente en el espíritu que los cielos se abrieron y que Dios envió a su Espíritu Santo.” [3]  ¿Suena familiar, no? Nuevamente detectamos con claridad el mismo espíritu de auto exaltación en sus palabras, prácticamente haciéndose igual a Cristo.

 

G-12: promesa de éxito garantizado

El éxito del imperio económico de Castellanos nace en el deseo que tienen muchos líderes por experimentar un crecimiento numérico rápido y que sus congregaciones se conviertan en mega iglesias. No es nada malo anhelar el crecimiento de nuestras congregaciones, en especial cuando el mismo viene a consecuencia de la evangelización y el discipulado. Pero muchos ministros y líderes cristianos buscan desesperadamente una fórmula mágica que les haga crecer sus congregaciones rápidamente. César Castellanos ofrece la garantía de que toda iglesia que aplique el G-12, crecerá: “Implementar el modelo de los doce implica abandonar lo tradicional y lanzarse a conquistar un mundo totalmente diferente, pero efectivo porque a través de él, el crecimiento está garantizado.[4]  Pablo decía: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” (1 Co. 3:6-7). El crecimiento es un resultado natural de cumplir la Gran Comisión y esparcir la semilla. Pero Dios da el crecimiento a sus iglesias como él quiere. Hay muchos métodos que pueden ayudar, pero el éxito de una iglesia no se limita a medir su tamaño. Hay iglesias que engordan, pero no crecen. Lamentablemente muchos líderes cristianos han comprometido los principios de Dios y han negociado el mensaje de la Palabra con tal de ganar adeptos.

 

El concepto del G-12 parte de la idea de que solo las mega iglesias son iglesias de éxito, menospreciando de esta manera a millones de iglesias en el mundo que cumplen con la Gran Comisión, apoyan las misiones y crecen mediante la plantación de obras nuevas, y no son mega iglesias. Con esto tampoco estoy menospreciando a las iglesias que tienen gran cantidad de miembros. Pienso que Dios utiliza de manera especial a las iglesias de distinto tamaño para su gloria. Pero en este tiempo el concepto que tienen muchos líderes es que si tienes una iglesia de menos de cien o doscientos miembros, eres un fracasado. Y por supuesto, están aquellos que codician tener una mega iglesia por que en el fondo andan detrás de los beneficios salariales y económicos, además del estatus que le representa. Para otros, si la iglesia sobrepasa los quinientos o mil  miembros, ya entonces puede ostentar el título de apóstol y no ser un simple pastor.

 

Para llegar a este “éxito” según lo define los parámetros establecidos por César Castellanos, Dios le reveló la llamada “Escalera del Éxito”. La misma consiste en aplicar cuatro pasos que llevarán a cualquier ministerio a la cúspide del éxito. Estos son:

 

En principio esta escalera del éxito resume una serie de pasos que son necesarios para el desarrollo espiritual del cristiano. No basta con evangelizar a una persona y llevarla a los pies de Cristo. La Biblia nos manda a hacer discípulos y a enseñarles la Palabra de Dios. Cada creyente debe crecer y madurar hasta poder testificar y enseñar a otros acerca de Jesús. Pero la realidad es que el G-12 no se limita a estos simples pasos. Si así fuera, sería una estrategia más de las muchas que existen para ayudar a las iglesias a cumplir con la Gran Comisión. El peligro del G-12 es su incursión dentro del mundo espiritual empleando técnicas no bíblicas y enseñanzas que ponen en entredicho importantes verdades del Evangelio y la obra libertadora de Cristo. Por eso analizaremos el concepto de la Visión G-12 a la luz de los principios de la Palabra de Dios.

 

En primer lugar, el nombre G-12 proviene de Gobierno de 12. Castellanos afirma que como el número 12 en la Biblia tiene un significado espiritual, y fue el que Jesús utilizó para el número de discípulos que eligió, esto hace de la fórmula de 12, una exitosa. La realidad es que esto es impartirle al número 12 un misticismo que no lleva. Existen otros sistemas de multiplicación celular que emplean otros números y pueden ser efectivos también. Jesús eligió a 12 apóstoles como símbolo de las 12 tribus de Israel, no porque el número 12 tenga un efecto mágico. Tampoco hay en el Nuevo Testamento indicación alguna de que los apóstoles siguieron utilizando esta fórmula. Ni Pedro, ni Pablo, ni Juan ni otros eligieron doce discípulos. La Escritura no registra este dato en los Hechos de los Apóstoles como algo que se practicaba en las iglesias cristianas.

 

Debemos entender este hecho. Cuando una iglesia decide entrar a la Visión G-12, ha aceptado colocarse bajo la “cobertura espiritual y apostólica” de César Castellanos. Debe aplicar paso a paso los procedimientos y prácticas de la visión, para lograr los mismos resultados de Misión Carismática Internacional. Una iglesia que se vuelve G-12, se transformará en algo totalmente distinto a lo que antes era. Todos los ministerios usuales de una iglesia cristiana pasan a un segundo plano, y quedan bajo la estructura piramidal de los grupos de 12. Pero esto no es todo. Los manuales del G-12 claramente establecen que una persona no puede ser considerada realmente miembro de la iglesia hasta que pase por el proceso de los pre-encuentros, encuentros y post-encuentros, y luego vuelva a ser bautizada. Solo así se podrá considerar realmente parte importante de la iglesia.[5] Esto es importante ya que el principio que rige el G-12 es que “la visión se adopta, no se adapta”. En otras palabras, el G-12 no se puede alterar para ajustarlo a las necesidades o la idiosincrasia de una congregación. Tiene que ser adoptado tal y como fue concebido y revelado por César Castellanos.

 

Otro aspecto que levanta gran preocupación en muchos líderes cristianos, es el endiosamiento que recibe la visión G-12 como “la visión de Dios para el tiempo postrero. Un sitio en Internet de una iglesia G-12 declara: “La Visión de Dios para el tiempo postrero no es nueva, siempre ha estado escrita y al Señor le plació revelársela al Pastor César Castellanos, quien creyó en El y ha dedicado su vida al desarrollo de la Visión y darla a conocer a todo el mundo a fin de que se cumpla lo dicho por Dios: ‘y en los postreros días derramaré de mi Espíritu’.” [6]  Aquí se afirma que la promesa del derramamiento del Espíritu Santo se cumplió, no en Pentecostés en el primer siglo, sino ahora bajo la visión G-12 y a través de su profeta, el pastor Castellanos.

 

El proceso de transformación de una iglesia normal a una G-12 comienza con el establecimiento de la célula primaria. La misma está compuesta por el pastor de la iglesia y un grupo de 12 discípulos seleccionados cuidadosamente por este. De esa célula inicial, llamada “nivel de los 12” de pasa a la siguiente etapa conocida como el “nivel de los 144” y así sucesivamente, cada integrante de un grupo de 12 será responsable de iniciar su propio grupo, surgiendo nuevas células. El fin es lograr un crecimiento exponencial. Claro, esto presenta un problema básico y es que se espera que toda persona en una iglesia sea parte de una célula G-12; y si cada una de esos integrantes deberá iniciar su propio grupo, ¿qué hacemos con aquellas personas que no tienen la capacidad de ser líderes y dirigir un grupo de personas? Sabemos que no todas las personas tienen el don de liderazgo. En las iglesias, como en todo lugar, hay líderes y hay seguidores. Esto definitivamente impone una carga sobre ciertas personas, que no pueden sobrellevar. De hecho, uno de los problemas que se han reportado con las iglesias G-12 es que los feligreses se sienten presionados y coaccionados a entrar en la Visión, o si no, son considerados inútiles y hasta estorbos para el crecimiento de la iglesia.

 

Otro elemento que se debe considerar es el énfasis que aplica el G-12 al concepto de sujeción. Sabemos que la Escritura nos manda a estar sujetos a nuestros pastores y líderes. Pero este principio llevado a un extremo resulta muy peligroso y raya en las prácticas de control de las sectas. Se espera que el miembro de una célula G-12 confíe plenamente en su líder celular y se someta a éste aún informándole y consultándole las decisiones en diversos aspectos de su vida privada. El G-12 establece como política que el pastor principal de una iglesia no tiene que lidiar directamente con las situaciones particulares de las ovejas, sino que delega estas funciones de consejería, discipulado y pastoreo directo a los líderes de las células. Alegan que esto es bíblico, ya que es el mismo principio que Jetro le impartió a Moisés (Ex. 18:19-23). Esto es una verdad a medias. Es cierto que un pastor debe delegar y capacitar líderes que le ayuden en tareas ministeriales. Es cierto que un pastor no puede echarse sobre sí todas las cargas, situaciones y detalles de la administración de una congregación. Pero es igualmente cierto que el pastor está llamado a apacentar la grey de Dios y cuidar de cada oveja. Esto es, cada miembro de una congregación debe tener pleno acceso a su pastor para recibir de éste la ayuda espiritual que necesita. Uno de los peligros del G-12 es que aleja a los pastores del contacto directo con la gente, ya que todo tiene que ser canalizado a través de los líderes celulares.

 

La obsesión del G-12 con los demonios

Pero vayamos ahora a otro aspecto que debemos considerar al analizar esta llamada Visión G-12. El núcleo de la visión lo constituye su énfasis en los retiros llamados Encuentros, los cuales son el punto de partida para la transformación espiritual de una persona. En estos encuentros se practica la liberación demoníaca y la cancelación de maldiciones ancestrales por parte de los que asistan. Castellanos afirma que “Cuando un creyente no da el fruto que Dios espera, es síntoma de que alguna fuerza adversa está operando en su interior ...constituyen ataduras que deben ser reprendidas y cortadas de cada vida y para que la gente hable en lenguas …hay que romper maldiciones que existan en ellos y echar fuera toda posesión demoníaca en el nombre de Jesús y eso es precisamente lo que se hace en los ENCUENTROS” [7]

 

Esta enseñanza va totalmente en contra de lo que la Escritura nos declara con relación al desarrollo espiritual del creyente y su posición en Cristo. Es claro en la Palabra de Dios que un genuino creyente no puede ser poseído o controlado por demonios pues… “Aquél que fue engendrado por Dios le guarda y el maligno no le toca.” y hemos sido trasladados de la potestad de las tinieblas al reino del amado Hijo. El mismo Jesucristo advirtió que no todos los redimidos darán fruto en la misma abundancia, como dice en Mateo 13… Unos dan fruto a 30, otros a 60 y otros a ciento por uno. Existen muchas razones para la escasez del fruto espiritual que Dios espera en el creyente que no tienen nada que ver con la presencia de fuerzas espirituales adversas. Cada día el creyente tiene que batallar contra sus propios deseos carnales y en esto muchas veces el cristiano exclamará como Pablo, “pues queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: el mal está en mí”.

 

El portal de Internet de una iglesia del G-12, define el Encuentro de la siguiente manera: “El encuentro es la primera experiencia de confrontación cara a cara con Dios, con su palabra, consigo mismo y con su pasado, donde tendrá la gracia de Dios para arrancarlo totalmente de su vida; podrá reflexionar en su diario vivir y a proyectarse con fe a conquistar un futuro mejor. Creemos que cuando la persona tiene un encuentro con Dios, el mismo tiene un encuentro con cambios en su vida.  En el Encuentro se impartirá la visión & dirección. Esto se trata del compromiso de la persona hacia su: matrimonio, familia, iglesia, y lugar de empleo. El Encuentro podría compararse con la salida del Pueblo de Israel de Egipto, bajo el liderazgo de Moisés.  Dios lo hizo para liberar a su pueblo del yugo opresor del Faraón.  Cuando salieron de Egipto sintieron una alegría por el ser libres.” [8]

 

Según esta definición, ¿dónde colocamos la experiencia de la conversión? ¿No es acaso la conversión de un pecador y su encuentro con Dios, la primera experiencia de confrontación con la Palabra? ¿No es en ese momento que el Espíritu Santo se le revela al pecador y le ilumina para recibir a Cristo? A todas luces este movimiento glorifica a tal magnitud su sistema, que menosprecia por completo la experiencia personal de la conversión. Más adelante declara que en este encuentro la persona “tendrá la gracia de Dios para arrancarlo [su pasado] totalmente de su vida.” En otras palabras, una persona que no tenga la oportunidad de asistir a un retiro de Encuentro, nunca podrá tener una experiencia cara a cara con Dios, ni podrá arrancar el pasado de su vida. Y también es un engaño ya que, a menos que la persona sufra de amnesia, nunca podrá arrancar su pasado. Lo que la Biblia nos promete es que a través de Cristo y la obra de su Santo Espíritu, el creyente podrá perdonar a quienes le han herido y sanar de las heridas de su pasado, pero nuestra vida pasada no es arrancada.

 

César Castellanos también falla en aplicar correctamente la Escritura en el aspecto de la santificación del cristiano. En su libro “Prepárate para un encuentro” declara: “A través del arrepentimiento logramos deshacernos de la vieja naturaleza para que el Señor nos revista de una nueva conforme a su semejanza”. Luego añade: “Cuando Jesús murió en la cruz del Calvario, se ofreció en sacrificio por la restauración y redención integral del hombre, abriéndole a éste la puerta para que viviera la experiencia de ingresar a una nueva vida, una vida alejada de la contaminación del mundo, las maldiciones, la pobreza espiritual, física y material, y todo peso que pudiera agobiarle. Así que para que dejemos nuestra vieja naturaleza tenemos que hacer dos cosas: a) Nacer de nuevo b) Tener un genuino arrepentimiento. [9]

 

En esta declaración, Castellanos sostiene que la experiencia del arrepentimiento y la conversión deshacen la vieja naturaleza, lo cual no es cónsono con las Escrituras. Pablo mismo declaraba que aún no había alcanzado la meta de la perfección (Fil. 3:12), y que aún tenía que luchar contra su vieja naturaleza (Ro. 7:14-18). Si el cristiano tiene que diariamente presentarse delante de Cristo a confesar sus pecados, es porque mientras permanece en su cuerpo, tiene que batallar contra los designios de la carne (Gál. 5:17). Pero eso no es todo; en esta declaración, Castellanos une a la experiencia de conversión y transformación, no solo el ingreso a una vida alejada de las contaminaciones del mundo, sino también la liberación de una vida de pobreza física (enfermedad) y pobreza material (prosperidad económica). Estas son enseñanzas típicas de la doctrina de la Prosperidad (Súper Fe) y la confesión positiva, las cuales son herejías rechazadas por la misma Palabra de Dios.

 

Esto se ve más claramente en su escrito Entrenándolos en la guerra espiritual, y citamos: Algo importante es escribir las metas y confesarlas, el diablo te va a decir: no confieses tu meta tal vez no la alcances. Cuando te pones en evidencia ante los demás tiene que haber una reacción dentro de tu vida para lograr alcanzar aquello en lo cual te comprometiste; no sientas temor de reclamar tus metas, ten metas ambiciosas, que impliquen el esfuerzo de la fe, que vayan más allá de la lógica y a ir más allá de la lógica implica que te estas moviendo en la dimensión de la fe y cuando actúas en la fe, Dios mueve a los ángeles para que te ayuden. [10] ¿Dónde coloca aquí Castellanos la soberanía de Dios? Note el énfasis en “reclamar tus metas” en tener “metas ambiciosas”. A todas luces lo que se dice aquí es que el éxito ministerial radica, no en la obediencia a la Palabra de Dios, la integridad ministerial y el evangelismo cristocéntrico, sino al poder de la imaginación y el poder creador de la lengua que libera a los ángeles para que ayuden a la persona. Este tipo de enseñanza no es única de Castellanos. Es una copia de las enseñanzas del pastor coreano David Cho, plasmadas en su libro “La cuarta dimensión” donde declara entre otras cosas, que la imagen mental junto con la fe en aquello que se visualiza, produce la realización de dicha imagen en la esfera material.

 

Un pilar de la visión G-12 es la llamada teología de las maldiciones heredadas. La misma sostiene que gran parte de los problemas con los que lucha un cristiano tienen su origen en maldiciones espirituales y pecados de sus ancestros que han ido pasando de generación en generación y no han sido cortados. El propósito de un encuentro es que la persona, mediante las técnicas de regresión y liberación, pueda romper y cortar de su vida esas maldiciones heredadas. Obviamente esto también contradice las enseñanzas de la Palabra que nos demuestran que el que está en Cristo es libre de toda atadura espiritual de su pasado (2 Co. 5:17). Además la Escritura declara de manera categórica que los pecados de los padres no se transmitirán a los hijos, sino que cada cual llevará su propia responsabilidad (Jer. 31:29-30, Ez. 18:2).

 

Los defensores del G-12 se remiten al texto de Éxodo 20:5, donde dice que Dios visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen, para justificar su teología de la quiebra de maldiciones heredadas. Pero este texto para nada dice eso. El pasaje afirma que es Dios, y no Satanás ni los demonios, quien visita la maldad de los padres sobre los hijos. Y note que esta sentencia cae sobre aquellos que aborrecen a Dios. Una persona que le ha entregado su vida a Cristo no pertenece a este grupo. Toda la ira de Dios y el pecado cargado a Cristo, quien dio el pago y satisfizo la justicia divina. Por eso es que puede declararse libre, justificado y nueva criatura. El G-12 claramente ignora las maravillosas enseñanzas de la gracia de Dios y la obra perfecta de Cristo que liberta al pecador.

 

Pero esto no es todo. Para colmo de las enseñanzas aberradas, algunas iglesias del G-12 enseñan que esta liberación espiritual del creyente debe realizarse de una manera que resulta sumamente desagradable. En un material escrito por una iglesia independiente en el sur de Puerto Rico, se indica que: “Durante esta ministración se confronta al reino de las tinieblas. No es nada nuevo saber que los espíritus son ‘neuma’ que significa viento. Así que tomando autoridad espiritual en el nombre de Jesús, le ordenamos a todo espíritu que se aloje en el área toráxico. Luego cada persona renuncia a los pecados según se van mencionando, y en la medida que estos espíritus son confrontados, comienzan a ser expulsados en forma de viento, como gases, por los poros, en forma de sudor, espuma por la boca y en forma de vómito.” [11]

 

En los retiros de Encuentros se les proveen a los participantes unas bolsas plásticas para que durante la ministración de liberación puedan vomitar en ellas y así expulsar de su cuerpo los espíritus que les atormentan. ¿Dónde está esto en la Biblia? En ninguna parte. Es simplemente invención de individuos que no poseen ninguna clase de respeto a la doctrina bíblica ni noción alguna de la hermenéutica. Es posible que no todas las iglesias y grupos identificados con el G-12 rayen en este tipo de prácticas. Pero la información que ha surgido de una enorme cantidad de testimonios de primera mano confirman que estas prácticas aberrantes son bastante comunes dentro del movimiento.

 

Perdonando a… ¿Dios?

Una de las enseñanzas más extrañas del G-12 es el llevar a sus seguidores a la acción de perdonar a Dios. ¡Increíble, pero cierto! Sabemos que Dios es justo y perfecto. Ejecuta su voluntad, lleva a cabo sus planes de manera soberana. No siempre estaremos de acuerdo con esa voluntad. Hay cosas que hará Dios que incluso nos parecerán que no tienen sentido, pero todo lo que Dios hace lo hace bien y para nuestro beneficio (Ro. 8:28). ¿En qué el creyente tiene que perdonar a Dios? ¿Acaso puede Dios cometer una falta o hacer algo indebido con sus hijos? Como dijo el profeta Daniel, “…y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Dn. 4:35).

 

Si alguna persona estima que Dios le ha defraudado o fallado en algo, tal persona necesita conocer realmente a Dios y su Palabra. El salmista Asaf se vio tentado a pensar de esa manera porque veía que los injustos prosperaban, mientras que él sufría y enfrentaba toda clase de dificultades. Hasta que tuvo que declarar “Tan torpe era yo,  que no entendía; Era como una bestia delante de ti.” (Sal. 73:22). De igual manera el patriarca Job llegó a pensar que Dios había sido injusto con él y que no merecía la prueba que estaba pasando. También tuvo que reconocer que su actitud era incorrecta y que ninguna persona tiene el derecho de cuestionar los soberanos propósitos de Dios.

 

El fundamento de esta práctica proviene de la idea de que la persona puede albergar en su corazón enojo o resentimiento contra Dios porque esperaba alguna acción de parte de él, o que actuara de cierta manera, y no se cumplieron sus expectativas. Esta creencia surge de un concepto totalmente erróneo de quién es Dios y cuál es la finalidad de la vida cristiana. Dios es el Señor de nuestras vidas. Él siempre hará lo que es mejor dentro de su plan perfecto y nuestro deber es ajustar nuestra vida y nuestros planes a sus propósitos, no al revés. Toda esta teología nace de una cosmovisión que es típica de los movimientos neo-carismáticos, donde se coloca al ser humano como quien prácticamente le imparte las órdenes a Dios, y éste le complace.

 

¿Qué afirman otros grupos?

Algunas denominaciones en diversos países ya han hecho importantes pronunciamientos con relación al G-12. Una de ellas es la Convención Bautista de Brasil, que ha redactado un documento en el cual identifican once (11) aspectos importantes donde el G-12 se aparta de la sana doctrina bíblica[12]; a saber:

 

1.      Tienen un perfil "neopentecostal y neocarismático, con énfasis en la experiencia personal y mística, en detrimento de la Palabra escrita." Practican un misticismo "en todas las áreas de la vida y del funcionamiento del programa."

2.      Practican un comercialismo religioso hasta el punto de eliminar "el propio nombre evangélico o cristiano." Así que tienen una visión "empresarial de la iglesia."

3.      Tienen una "forma episcopal de gobierno" con una jerarquía piramidal que concentra y centraliza el poder.

4.      Pretenden tener "la última palabra de la revelación de Dios para la iglesia" en este siglo.

5.      Desprecian la "riqueza teológica" y "los valores estéticos" de la himnología cristiana, formada a lo largo de los siglos.

6.      Promulgan una pretensión "de santificación instantánea" mediante la "obtención y liberación del poder como resultado del Encuentro propuesto como condición fundamental" para capacitar a los "discipuladores." Además, su fuente única de autoridad crítica descansa en la participación en el Encuentro. También hay evidencias "de manipulación psicológica y espiritual, especialmente, en el Encuentro," lo cual es parte esencial del Movimiento G-12, pues no permiten a los participantes en él "las condiciones y el tiempo necesarios a la reflexión crítica," la actitud de los bereanos.

7.      Usan el crecimiento numérico como único criterio de legitimidad bíblica y evangélica, y eso va "en detrimento de la claridad y de [la] formulación de sólidas bases teológicas." Además, su evangelismo está enfrascado en los resultados numéricos en vez del compromiso con la verdad. En su pragmatismo lo que cuenta es el número.

8.      Fomentan un énfasis exagerado en la salvación temporal.

9.      El movimiento está construido sobre una experiencia personal basada en la visión de un líder.

10.  Tienen un exceso de énfasis en los métodos y en la estructura programática que están obligados a seguir al pie de la letra, a pesar de "que Dios no unge métodos," sino a personas.

11.  Abrazan la emoción humana, como evidencia incuestionable de la presencia del Espíritu Santo.

En adición a esto, la Convención Bautista de Brasil rechaza el modelo G-12 y el contenido de los Encuentros del Movimiento G-12 que están arropados por su filosofía (Pre-Encuentro, Encuentro y Pos-Encuentro), pues sus métodos y procedimientos son sustitutos de los "principios y enseñanzas de las Sagradas Escrituras." En efecto, sus enseñanzas y prácticas se oponen claramente a la Palabra de Dios. Por eso destacan varios:

 

§         "El énfasis en la maldición hereditaria con el olvido del tenor general de la Biblia, sobre el asunto;"

§         "La práctica de la llamada confesión positiva;"

§         Las prácticas de la regresión psicológica;

§         La enseñanza y la práctica de la llamada "nueva unción;"

§         La práctica del soplo espiritual;

§         La enseñanza del bautismo del Espíritu Santo como "segunda bendición" y las lenguas como su evidencia[13];

§         La práctica del secreto;

§         La unción con óleo;

§         Los "urros y palabras de orden en los cultos."

 

 

 

Conclusión

Si la llamada Visión G-12 fuera solamente una estrategia o método de iglecrecimiento a base de células y de discipulado en grupos pequeños, como existen muchas de estas estrategias, no habría problema alguno. Pero el G-12 no es simplemente eso. Dentro de esa envoltura atractiva y detrás de la promesa de dramáticos resultados, se oculta una sutil trampa que puede destruir iglesias y afectar seriamente la vida de muchos cristianos. Los testimonios de miles de creyentes que han sufrido abuso de poder y manipulación sicológica por medio del sistema piramidal del G-12 no pueden ser ignorados. En mi programa radial[14] tuve la oportunidad de entrevistar a varias personas que sufrieron bajo el G-12. Después de las prácticas llevadas a cabo en los Encuentros, algunos jóvenes al igual que adultos quedaron afectados emocionalmente. El temor y la inseguridad se apoderaron de sus mentes, en lugar de experimentar el gozo y la paz que produce la obra de Cristo en el cristiano.

 

La Palabra de Dios nos brinda a los redimidos gloriosas promesas de libertad en Cristo, a través de la gracia divina. Creemos firmemente por la revelación bíblica que el creyente ha sido libertado en su conversión de toda potestad del adversario sobre su vida (Col. 1:13, 1 Jn. 5:18). Puede ser tentado por el enemigo y necesita utilizar la armadura espiritual de Dios para lidiar con esas tentaciones. Pero si es nueva criatura y las cosas viejas pasaron (2 Co. 5:17), ¿cómo puede estar atado por maldiciones y pecados que vienen de pasadas generaciones? Esto definitivamente pretende hacer nula la Palabra de Dios y menospreciar el poder de la sangre de Jesucristo.

 

El G-12 contiene elementos que son positivos y cónsonos con las doctrinas de la fe cristiana. Pero lamentablemente esta mezcla de verdades con errores es lo que le convierte en una trampa sutil y muy peligrosa, especialmente para quienes carecen de fundamento bíblico o andan desesperadamente en busca de la fórmula milagrosa para su éxito ministerial. César Castellanos y su movimiento se aprovecha de esta hambre de “éxito”, de poder y de gloria que abunda en la actualidad en el corazón de muchos líderes evangélicos para erigir su imperio religioso-económico.

 

Algunos ministros y líderes han decidido tomar del G-12 algunas cosas, y dejar otras afuera. Por supuesto, esto va en contra de las declaraciones de la Visión G-12 que, como hemos mencionado, afirman que la misma se adopta, pero no se adapta. Aún así han surgido nuevas versiones del G-12. Algunas de ellas omiten el elemento místico y demonológico, pero otras lo mantienen intacto, cambiando solamente el nombre. Cada líder, ministro y hermano en Cristo debe analizar seriamente esta y otras modalidades que aparecen en el ambiente religioso. En la ética del reino de Dios es un error asumir que el fin justifica los medios. A Dios le interesa, más que los resultados que podamos obtener, el que lleguemos a ellos siguiendo sus principios y leyes espirituales que nos ha dejado establecidos en su Palabra. Al analizar la llamada visión G-12, encontramos una serie de aberraciones hermenéuticas además de sus prácticas de la llamada “liberación” espiritual, que resultan peligrosas para el creyente. Queda de cada uno ejercer el discernimiento y criterio que Dios nos ha dado, además de la evidencia presentada, para arribar s sus propias conclusiones.



[1] César Castellanos, El secreto está en los 12, MCI 2003.

[2] César Castellanos, Sueña y ganarás al mundo, pág. 18-20

[3] Ibid. Pág. 81

[4] César Castellanos, Liderazgo de éxito a través de los doce, pág. 246

[5] César Castellanos, Vida abundante, Pág. 106-107

[6] Portal Iglesia Comunidad Cristiana Agua Viva, www.aguaviva12.org.

[7] César Castellanos, Sueña y ganarás al mundo, pág. 127-128

[8] Página de la Iglesia Cristiana de la Última Cosecha, www.lucm.org.

[9] César Castellanos, Prepárate para un encuentro, MCI 2003.

[10] César Castellanos, Entrenándolos en la Guerra spiritual, Primera Parte, MCI, 2003.

[11] Pastores Irmita y Ramón Lugo, Verdades acerca de la Visión G-12, pág. 6.

[12] Traducido del portugués por el Dr. Donald T. Moore y publicado en la revista La Sana Doctrina. Web site de la Convención Bautista de Brasil, http://www.batistas-es.org.br/

[13] Esta práctica es también común en la doctrina pentecostal clásica, también llamada la segunda experiencia.

[14] El escritor es conductor del programa radial Fe y Crisis, transmitido de martes a viernes a través de la estación WCGB 1060 AM, Juana Díaz, Puerto Rico.