¿Está cerca el fin?

Por René Pereira Morales

 ¿Estamos en los postreros tiempos? Esta es una pregunta que muchas personas se hacen hoy en día. La idea comúnmente aceptada es que las profecías se han cumplido en su mayoría y la segunda venida de Cristo podría ocurrir de un momento a otro. Sin embargo, esta es una postura que en realidad han adoptado algunos cristianos que parten de la premisa de que el retorno de Cristo puede ser discernido observando los eventos mundiales contemporáneos. Este error se basa mayormente en que muchos aplican una interpretación futurista a diversos textos bíblicos, en especial, Mateo 24. Las guerras, rumores de guerras, terremotos, hambrunas y otros desastres, son, según ellos, señales claras de la proximidad de la segunda venida de Cristo.

Muchos entienden que los desastres que ocurren en la actualidad, las catástrofes causadas por el hombre, la inestabilidad política mundial y las nuevas enfermedades letales son un claro indicio de que estamos viviendo en los tiempos del fin. ¿Es esto cierto? Claro que no. Para evitar ser confundidos por personas que se hacen llamar profetas o expertos en interpretación escatológica debemos entender las siguientes verdades:

Los postreros tiempos

La Palabra de Dios primeramente nos enseña que los “tiempos del fin” comenzaron cuando Jesucristo vino a este mundo. Hechos 2:17 nos dice:

 

“Y en los [postreros días], dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños.”

¿Cuándo se cumplió esta profecía dada por el profeta Joel (Joel 2:28)? Cuando el Espíritu Santo vino sobre los 120 en Pentecostés. En el libro de Hebreos también hallamos la misma referencia a los tiempos postreros.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos [postreros días] nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

El apóstol Juan escribió sobre la amenaza del espíritu del anticristo, el cual ya estaba presente en su tiempo.

 

“Hijitos, [ya es el último tiempo]; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el [último tiempo].”

Para Juan, el surgimiento de muchos anticristos en el mundo era una confirmación de que la iglesia estaba viviendo ya en el último tiempo. La pregunta es: ¿estaban equivocados los apóstoles con relación a los postreros tiempos? Obviamente no. Quienes están equivocados son los que limitan los tiempos postreros o finales a una época reciente. En el plan de Dios, los tiempos postreros se han estado viviendo sobre la tierra desde que se cumplieron las profecías con relación a Jesucristo y su victoria en la cruz. El apóstol Pedro también confirma esta postura con relación a los tiempos del fin.

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los [postreros tiempos] por amor de vosotros.” (1 Pedro 1:20)

De manera que bíblicamente hablando no hay fundamento para señalar un tiempo específico como el tiempo del fin, porque los postreros tiempos comenzaron con la manifestación de Jesucristo al mundo y se extiende hasta nuestros días. Ha sido un patrón común de los que interpretan las profecías exclusivamente bajo el lente futurista, identificar el tiempo en que viven como el tiempo final. Por siglos muchos cristianos han cometido ese error, y en algunos casos, ha sido causa de confusión y perversión de la sana doctrina; coyuntura que han aprovechado los falsos profetas para arrastrar a los incautos. La Escritura es clara en que el día y la hora del regreso de Jesucristo está vedado al ser humano cualquiera que sea. Quienes han osado hacer este tipo de predicción han quedado en ridículo ante el mundo.

El capítulo 24 de Mateo, que generalmente se utiliza para afirmar que las señales de los tiempos finales serán guerras, terremotos y pestes, realmente en su mayoría es una profecía relacionada con la destrucción de Jerusalén, lo cual aconteció en el año 70 d.c. Un lector cuidadoso del texto notará que Jesús dijo estas profecías en respuesta a la pregunta que sus discípulos le hicieron con relación a la destrucción de los edificios de Jerusalén que Jesús mismo les había predicho. Aunque la profecía de Mateo 24 también hace referencia al fin del siglo y al regreso de Jesús, el intérprete debe tener sumo cuidado ya que las advertencias de persecuciones, guerras y terremotos son mencionados al hablar de la destrucción de Jerusalén. No solo eso, sino que el mismo Jesús le indicó a sus discípulos que ellos verían estas cosas.

Terremotos, guerras, pestes

Con relación a las calamidades: pestes, hambres, terremotos en diferentes lugares, la realidad histórica habla por sí sola. El promedio de estos desastres no es mayor en este tiempo que en otras épocas de la historia. Según la información oficial del Centro Nacional de Información sobre Terremotos (NEIC en sus siglas en inglés), que ha recopilado la data de estos fenómenos desde el 1900, la cantidad de sismos mayores de 7.0 grados en la escala Reichter, ha ido disminuyendo desde esa fecha[1]. Otros dos organismos que recopilan esta información: el Centro Nacional de Data Geofísica (NGDC) y la Administración Nacional Atmosférica y Oceanográfica  (NOAA), sostienen que desde que se han estado midiendo estos fenómenos por medio del sismógrafo, esto es desde el 1931 hasta el presente, la cantidad de terremotos mayores de 6.5 en la escala Reichter ido en descenso de manera constante[2]. Sin embargo muchos escatólogos continúan enseñando y propagando la idea de que han aumentado los terremotos en épocas recientes.

Las plagas y enfermedades fatales han estado presente en la historia de las civilizaciones desde tiempos antiguos. Incluso durante la edad media la plaga de la Peste Bubónica llamada la Muerte Negra, cobró un estimado de 100 millones de vidas diezmando la población de ciudades enteras. En China e India, entre 1876 al 1879 murieron alrededor de 12 a 17 millones de personas a causa de una terrible hambruna. La historia registra la ocurrencia de terribles terremotos durante la época antigua que destruyeron vastas regiones.

En cuanto a las guerras y conflictos armados, tampoco hay en estos tiempos una cantidad mayor que lo que ha habido en otras épocas. Realmente ha habido pocos períodos de paz en la historia humana ya que en algún lugar del globo siempre se han registrado guerras y conflictos. Los historiadores confirman que a lo largo de la historia humana han ocurrido más de 14,000 guerras cobrando aproximadamente 3.6 billones de vidas. Lo que hemos visto en los últimos 100 años no es sino el rabo de una larga y sangrienta historia de guerras y luchas. En siglos pasados hubo guerras que duraron décadas incluso siglos. Civilizaciones, imperios, ciudades enteras fueron arrasadas. Hoy en día, aunque se pierden muchas vidas, la intervención de organismos internacionales y el uso de alta tecnología limita mucho la cantidad de población civil que se pierde en estos conflictos.

No es nada nuevo el surgimiento de profetas sensacionalistas que anuncian el tiempo del fin.  Para el segundo siglo de la era cristiana, un auto-proclamado profeta llamado Montano, propagó la idea de que la Nueva Jerusalén y el reino de Dios aparecería pronto. El montanismo fue condenado posteriormente como herejía para el 398 d.c. Posteriormente para el 1260 un monje llamado Joaquín anunció que el anticristo estaba vivo y que pronto ocurriría el fin del mundo. También fue condenado como hereje y todos sus escritos fueron quemados. Para el 1524 surgió otro profeta llamado Tomas Munzer que durante la revuelta de los campesinos (la que condenó Martín Lutero) reunió a mucha gente prometiéndole que los ricos serían exterminados y que pronto acontecería el regreso de Cristo. Poco tiempo después, un tal Mechoir Hoffman anunció por todos lados que la segunda venida de Cristo ocurriría en 1533. Más recientemente tenemos las profecías hechas por personas como Miller, uno de los fundadores del adventismo del séptimo día quien predijo la venida de Cristo para 1874, y posteriormente otras fechas. Su sucesora, Helena G. White, continuó también con esta práctica. Charles T. Russell, el fundador de los Testigos de Jehová, hizo su predicción del fin para el año de 1914. Al no ocurrir el evento esperado, la fecha fue movida al 1915, 1917, 1925, y finalmente la organización predijo la fecha de 1975. Así podríamos continuar hablando de pseudo-profetas que han surgido más recientemente en los Estados Unidos, en Korea, en Europa y hasta en Puerto Rico.

En el sector carismático y pentecostal no es nada extraño observar este tipo de práctica de predecir el tiempo del fin por medio de la observación de ciertos eventos y acontecimientos actuales. La creencia generalizada en este sector es que las profecías escatológicas son como una especie de ventana al futuro en el cual el intérprete busca un paralelismo entre los acontecimientos mundiales contemporáneos y el texto profético. Esta concordancia alegadamente le permite predecir con bastante exactitud lo que ha de acontecer en un futuro cercano. Este manejo equivocado de la escatología ha sido causante de graves desaciertos y mucha confusión en el pueblo cristiano. A esto se suma el misticismo con el cual el intérprete carismático generalmente se aproxima al texto bíblico. Bajo la excusa de una supuesta iluminación repentina o una experiencia sobrenatural, el intérprete ignora por completo el uso de la sana hermenéutica, el dominio de los idiomas originales y la lectura responsable de los eruditos, cometiendo errores elementales de exégesis. Si bien es cierto que la iluminación del Espíritu Santo es vital para el estudio de la Escritura, esto no excluye el uso responsable de herramientas para el estudio. El resultado lo podemos observar en las barbaridades que oímos de exponentes como Julio Rivas (de Momentos Proféticos), Yiye Avila, Douglas Marti y otros. La experiencia es que las atrocidades más terribles las oímos de aquellos que afirman tener una unción especial para interpretar las Escrituras y menosprecian el estudio serio y responsable.

La realidad es que no todas las profecías de la Biblia son de carácter futurista. Y nunca fue la intención de los escritores del texto el que se empleara el mismo como un oráculo para predecir el futuro. El libro de Apocalipsis, por ejemplo, fue escrito para la iglesia perseguida en la última mitad del primer siglo, con el fin de proveer aliento y esperanza de que algún día será establecida la justicia perdurable, los impíos serán juzgados y la iglesia surgirá victoriosa. Un libro que exalta la fidelidad y la recompensa de los mártires, y las promesas eternas para los que son fieles. La realidad es que no solo para la iglesia del primer siglo, sino para la iglesia perseguida y azotada de todos los tiempos, este libro ha sido de gran consuelo y fortaleza.

La Escatología Paulina

El apóstol San Pablo fue sumamente claro en su enfoque escatológico. En su segunda carta a los Tesalonicenses advirtió a sus lectores a no dejarse confundir ni disuadir con el anuncio que algunos estaban haciendo de que el día del Señor estaba cercano. Por las palabras que usa el apóstol parece ser que incluso algunas cartas plagiadas estaban circulando por las iglesias. De hecho, se han preservado escritos apócrifos que circularon durante los primeros tres siglos de la iglesia cristiana, cuyos autores utilizaron falsamente los nombres de los apóstoles y los padres de la iglesia. Pero la iglesia cristiana jamás los admitió como divinamente inspirados y por consiguiente jamás los añadió al canon del Nuevo Testamento. No obstante, aún así dejaron sentir su efecto de confusión en la comunidad cristiana, al grado que Pablo se vio obligado a alertar sobre el asunto en varias de sus epístolas.

 

A diferencia de los sistemas complejos e intrincados que vemos hoy en día en la mayoría de las interpretaciones escatológicas, Pablo fue sumamente sencillo en su exposición del tema. Nos presenta el día del Señor como el momento en que Jesucristo descenderá del cielo y resucitará a los que durmieron en él y transformará físicamente a los que estén vivos en ese momento, reuniendo a sus santos para llevarlos con él (1 Tes. 4:14-18). Al hablar de los eventos que habrán de acontecer previos a la “parousía” o segunda venida, Pablo identifica dos señales claras. Podemos ver las mismas en el siguiente texto:

“Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” (2 Tes. 2:3-4)

Las señales que Pablo identifica son dos: la apostasía, y la manifestación del hombre de pecado o el anticristo. Pablo obvia completamente señales relacionadas con cataclismos, terremotos o guerras. Los tiempos cercanos al regreso de Jesucristo se caracterizarán por ser tiempos de gran confusión, donde muchos abandonarán la verdad y prestarán sus oídos a las fábulas. En su carta a Timoteo, Pablo alertó:

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1 Tim. 4:1)

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (1 Tim. 4:3-4)

Como podemos ver, Pablo es consistente en identificar los tiempos cercanos al fin como tiempos donde abundará el error, los falsos maestros, y peor aún, la verdad del evangelio será muy escasa. Al observar la trayectoria actual de la iglesia cristiana donde cada vez el énfasis en la sana doctrina es menor, y donde se sustituye la verdad por la experiencia subjetiva, no me extraña que en poco tiempo sea una realidad las palabras de Pablo a Timoteo: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina. Un apóstata no es alguien ajeno a la vida de la iglesia que opta por negar la fe. Por el contrario un apóstata es uno que sale del mismo seno de la iglesia y rechaza las verdades centrales de la fe cristiana. Juan nos dice: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” (1 Jn. 2:19) Claro está, sabemos que un apóstata es uno que en realidad nunca tuvo una verdadera experiencia regeneradora aunque estuvo un tiempo en la comunidad de fe, e incluso por un tiempo aparentó externamente ser un creyente genuino. Pero esta gran apostasía que predice San Pablo seguramente conmoverá internamente a toda la cristiandad y sacudirá sus cimientos, si bien por otro lado será de mucho provecho, pues limpiará a la iglesia de muchos falsos apóstoles y obreros fraudulentos, preparándola para algo todavía más difícil: el hombre de pecado.

La segunda señal paulina con relación al tiempo del fin señala a la manifestación visible del inicuo, u hombre de pecado. Una referencia clara al tan conocido personaje del Anticristo. Identificar con lujo de detalle quién será este personaje, de dónde saldrá y qué específicamente hará cuando se manifieste, se lo dejamos a aquellos que gustan echar a volar su imaginación. La Escritura, sin embargo, es clara en que el Anticristo se levantará por mano de Satanás (2 Tes. 2:9), engañará a muchos con sus poderes sobrenaturales, y enfocará toda su maldad e ira contra los santos. La idea comúnmente propagada por ahí, la cual sostiene que la iglesia no sufrirá la persecución del Anticristo, es una sin base bíblica. La Biblia es enfática en advertir que el Anticristo le será dada autoridad para hacer guerra contra los santos, e incluso vencerlos (Dn. 7:21, Ap. 13:7). Reconozco que la idea no le resultará atractiva a los que por tanto tiempo han anunciado un rapto secreto para los creyentes previo a la llamada tribulación, pero un estudio serio de la evidencia bíblica claramente demostrará que antes del fin la iglesia, aunque será preservada como siempre lo ha sido en momentos de crisis, tendrá que enfrentar el reto más difícil de toda su historia. En el proceso seguramente muchos que practican un cristianismo nominal, sin compromiso, y sobre todo sin una relación genuina con Jesucristo, abandonarán el camino estrecho para seguir la corriente del mundo que irá en pos del engañador. Dios mismo les enviará un poder engañoso para que crean a la mentira a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se han complacido en la injusticia (2 Tes. 2:11). Como siempre ha ocurrido históricamente, las persecuciones, lejos de destruir a la iglesia, la han depurado y fortalecido de una manera asombrosa. Y la realidad es que al ver el tipo de cristianismo cómodo, sin cruz, sin demandas, “seeker sensitive” que se ha puesto en boga en nuestros días, no cabe duda que un reto como el que se avecina será beneficiosa para la iglesia occidental.

Todos aquellos que viven un cristianismo de conveniencia, de experiencias subjetivas, de una teología intelectual y hueca, que visualizan a Dios como la gran ATH del cielo para solucionar todos nuestros problemas, que descansan en el supuesto poder de su confesión positiva, se verán en serios aprietos cuando todo eso se derrumbe. Porque la fe, mucho más preciosa que el oro, será probada por el fuego para que sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pe. 1:7).

¿Cuán cerca está de que todo esto ocurra? No podemos saberlo a ciencia cierta. Intentar hacer lo que otros se han atrevido: predecir o anticipar el cumplimiento de la promesa de la segunda venida, es antibíblico y totalmente irresponsable. Pero echemos un vistazo a lo que acontece a nuestro alrededor. ¿No se ha dado cuenta cómo el mundo post-moderno abandona el viejo racionalismo y empirismo para abrazar un espiritualismo místico? La influencia de la Nueva Era en la música, la educación, la religión, la medicina, la política y casi todos los renglones existentes prepara al mundo entero para una nueva cosmovisión para el nuevo milenio.  La iglesia cristiana en general abandona el cristianismo fundamentado en la doctrina bíblica, para abrazar el mismo misticismo sincretista donde la verdad ya no se define en términos de una regla absoluta de fe, sino en términos individualistas, subjetivos y relativistas. La sana doctrina que predicaron los apóstoles y caracterizó el mensaje de los grandes hombres de Dios en la historia, ha sido suplantado por un mensaje sicológico, hueco y superficial, que apela a las emociones, pero el entendimiento queda sin fruto. Mientras eso ocurre, la iglesia permanece entretenida en su letargo e inercia mientras la sociedad suplanta el sistema de valores judeocristianos por una moral situacional que redefine lo que es bueno y lo que es malo. ¿No se estará preparando el camino para lo que ha de acontecer? ¿Estaremos nosotros preparados para hacer lo que los héroes de la fe hicieron en su tiempo, prefiriendo el maltrato del pueblo de Dios que los deleites temporales? Cuando llegue el momento lo sabremos.



[1] NEIC Zirbes data file.

[2] NGDC data file “1900.EQ”.