¿Dónde están los hombres?

1 Timoteo 5:8

 

 

Tal vez esta pregunta pueda resultar incómoda para muchos varones. En nuestra cultura si le preguntan a un varón, ¿tú eres un hombre de verdad?  Se puede formar hasta una pelea. Social y culturalmente se relaciona la hombría con lo que llamamos el machismo. Ser un macho completo implica tener virilidad, ser de temperamento duro, no dejarse dominar por las mujeres, pero a la misma vez, ser un enamorado.

 

Ese es el prototipo. Sin embargo, desde el punto de vista bíblico ser un hombre de verdad es algo muy distinto. El propósito del mensaje de hoy es ir a las Escrituras y encontrar en las mismas el perfil de lo que es un verdadero hombre. Creo que en estos tiempos en que vivimos donde hay tanta confusión en los roles en la familia, y tantos modelos incorrectos que la misma sociedad nos impone, necesitamos ir al mejor modelo, que es el que nos ha dado nuestro Creador.

 

Desde el principio, Dios creó al hombre, y con toda intención lo creó primero que a la mujer. Y dice la Escritura que lo puso en el huerto del Edén para que lo cuidara y lo cultivara (Gén. 2:15). Ya desde ese momento el hombre tiene ante sí una labor. Dios le encarga al hombre la tarea de labrar la tierra para proveer a la familia que pronto le daría. Ya el trabajo existía desde antes de la desobediencia. El trabajo se hizo mucho más duro después de la caída porque la tierra fue contaminada.

 

Ya desde la creación misma Dios establece un orden. Coloca al hombre como responsable de cuidar de su esposa y su hogar, de velar por su bienestar y suplir sus necesidades. Y es importante comenzar por aquí porque hoy día vemos cómo los roles establecidos por Dios se están invirtiendo. Las estadísticas muestran que cada vez más familias están bajo la tutela y la dirección de las mujeres. A veces porque el hombre está ausente físicamente; pero en ocasiones porque aunque está presente, se ha convertido en un ser totalmente dependiente, o irresponsable en su función como líder de su casa.

 

Y vamos a dejar esto claro. A veces escuchamos a personas que se identifican con grupos feministas, y otras tendencias modernas diciendo que la familia ha evolucionado y que hay arreglos donde la mujer asume el liderato de su casa porque está mas capacitada y todo funciona bien. Es mentira. Toda mujer normal desea sentirse cobijada por un hombre de verdad que pueda tomar decisiones, resolver situaciones y que ella pueda depender de ese hombre. Aunque no le guste esto que voy a decir a las feministas, la mujer fue hecha por Dios para ser ayuda idónea del hombre, para estar bajo su cuidado y protección (Ef. 5:22-27).

 

Esto nos lleva de vuelta al pasaje que leímos al comienzo, 1 Timoteo 5:8, porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. Pablo dice estas palabras después de tratar el tema del cuidado de las viudas y los huérfanos en la iglesia. Las instrucciones eran que fueran puestas en una lista para ayuda solo aquellas viudas que de verdad habían quedado solas y desamparadas. En 1 Tim. 5:4 manda a que si las viudas tenían hijos o nietos, que fueran éstos los responsables de cuidar de ellas y así no fuera cargada la iglesia. Como a veces ocurre hoy día, había entonces creyentes que no estaban asumiendo la responsabilidad de cuidar y proveer para los de su casa. Y fíjate lo que dice: “ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”.

 

Primero, ¿por qué dice“ha negado la fe”? Porque la Palabra nos manda a cuidar de los nuestros y a proveer para sus necesidades. No hacerlo, para un cristiano es negar la fe (el evangelio). El hijo que se olvida de sus padres ya ancianos porque le representan una carga, está en violación del mandamiento de honrar a tu padre y a tu madre (recompensar a tus padres). El esposo que no cuida de su esposa como Dios ordena, está en desobediencia directa a la voluntad de Dios. Los padres que no se están ocupando diligentemente de criar a sus hijos como Dios manda, y a instruirlos y enseñarles, están negando la fe. Y en segundo lugar dice “es peor que un incrédulo”, porque para vergüenza de muchos, a veces los incrédulos muestran más cuidado y responsabilidad hacia sus seres allegados, que los mismos cristianos.

 

Pero voy a utilizar este pasaje para hablarle a los hombres. Dice “porque si alguno no provee para los suyos”. Pero ¿qué es proveer? ¿Tener un trabajo y que haya en la casa para las necesidades materiales? Esto es parte importante, pero no lo es todo. Muchos hombres piensan que su labor fundamental es traer chavos a la casa. Pero ser un proveedor va mucho más allá. Implica proveer atención y cuidado. Y atender no es simplemente escuchar a la esposa cuando habla. Atención significa entregarme en alma y cuerpo para que esa mujer que Dios ha puesto a mi lado sea feliz, se sienta amada, protegida, sustentada en todo el sentido de la palabra. Pablo lo expresa de manera clara en Efesios, “así como Cristo amó a su iglesia que se entregó a sí mismo por ella”.

 

En el rol de la crianza, implica que el hombre debe ser parte activa de la crianza de los hijos. Y como hombre cristiano, debe velar por la vida espiritual de su familia, cosa que normalmente recae en la mujer.

 

Hoy, sin embargo, vemos que aún muchos hogares cristianos no están funcionando según los principios de Dios, ya sea porque el hombre de la casa no está ejerciendo su ministerio, o porque la mujer tampoco está ejerciendo la función que Dios le ha dado. En ocasiones venimos ya al evangelio arrastrando patrones incorrectos que traemos de nuestras experiencias vividas. Pero de la misma manera en que Dios nos va limpiando de muchas cosas que traemos del mundo, también en este renglón el Señor nos ayuda a ir llegando al patrón bíblico.

 

De hecho, ser el líder de la casa es una enorme responsabilidad. Dios opera bajo los principios de la autoridad delegada. ¿A quién llamó a cuentas Dios cuando Eva comió del árbol prohibido? A Adán. Porque es a quien Dios colocó como el líder. ¿A quién Dios llamará a cuentas cuando juzgue a las iglesias? ¿A los diáconos? No, a los pastores. Asimismo a casa hombre líder de su casa, Dios le pedirá cuentas.

 

¿Pastor, yo sé que he fallado en muchas cosas con respecto a mi liderazgo como varón en mi casa, qué puedo hacer? El Señor quiere ayudarte a crecer como esposo, como padre y como administrador de tu casa. Pero tienes que consagrarte a Dios. Mientras más profunda y genuina sea tu relación con Dios, el Señor irá bregando con tu carácter y limpiándote de lo que no sirve.

 

Hermana, sé sabia tú como esposa. Dice Proverbios 12:4 “La mujer virtuosa es corona de su marido; Mas la mala, como carcoma en sus huesos.” Tú puedes ayudar a levantar a tu esposo con sabiduría, y ayudarlo a ser ese líder de tu casa como quieres, o puedes ser un tropiezo en su camino porque tienes el poder de destruirlo. También dice Proverbios 14:1, “La mujer sabia edifica su casa;  Mas la necia con sus manos la derriba.

 

Oración por nuestras familias.