Dios no nos ha prometido un viaje placentero, sino un aterrizaje seguro

Hebreos 10:32-36

(Pastor René X. Pereira)

 

 

En estos días escuché esta frase de boca de un hermano en la fe y me pareció idónea como título para la predicación de hoy. La realidad es que en estos tiempos son muchos los cristianos que están totalmente desenfocados en su visión de la vida cristiana. Influenciados por muchas de las doctrinas que circulan en la actualidad, piensan que el ser cristianos es sinónimo de vivir una vida en la tierra de abundancia, fuera de todo sufrimiento, y calamidad.

 

Inclusive, hermanos, algunos por ahí están enseñando el disparate de que para estos tiempos finales, la iglesia cristiana irá dominando en el mundo y conquistará a nivel financiero, político y social para convertirse en el poder mundial predominante. Se le llama la “teología del dominio” y la misma se está promoviendo a través de los predicadores de la prosperidad y el Movimiento de los G-12. Suena muy lindo, pero el problema es que la Biblia dice lo contrario. La palabra nos dice que el tiempo previo a la venida de nuestro Señor se caracterizará por una gran apostasía (explicar), persecución para la iglesia fiel, y sufrimiento (Mt. 24:4-14).

 

La realidad es que la Palabra nos advierte claramente que el que no esté preparado para resistir en ese tiempo, teniendo puesta su confianza en Cristo, y aferrado a sus promesas, esperando con paciencia, sencillamente no podrá soportar. En Lucas 21:12-19, nos dice…

 

Muchos cristianos hoy en día, aún sin estar ocurriendo lo que la Palabra anuncia que va a ocurrir, se sienten abandonados por Dios, desanimados, turbados de espíritu cuando les toca pasar por las dificultades que normalmente nos suceden en este mundo, como si Dios nos hubiera prometido a los creyentes un viaje en crucero, placentero, en primera clase, con personal sirviéndonos alimentos y bebida. Y estamos tan acostumbrados a pensar de esa manera, que a la menor situación adversa que se nos presenta, comenzamos a quejarnos y a murmurar contra Dios. Se nos quitan los deseos de ir a la iglesia y de seguir adelante.

 

El autor de los Hebreos (la tradición atribuye esta carta a Pablo), les recuerda a sus lectores que después de haber sido iluminados, tuvieron que sostener gran combate de padecimientos. En otras palabras, al poco tiempo de haber conocido a Cristo, de haber sido iluminados por el ES, tuvieron que enfrentar grandes tribulaciones. En aquél entonces se desató una persecución en contra de la iglesia en la cual los cristianos fueron acusados de ser los responsables. Muchos intérpretes colocan esta persecución en el año 64 d.c., bajo el emperador Nerón. Hubo un gran incendio en Roma que caso arrasó con la ciudad. Se regó la voy de que el mismo emperador Nerón le había mandado a prender fuego para inspirarse a tocar el arpa, ya que este emperador medio loco se creía músico y poeta. La multitud estaba airada contra Nerón, y éste logró zafarse de un levantamiento, echándole la culpa a los cristianos.

 

Muchos cristianos fueron perseguidos, les quitaron sus bienes, y a otros los llevaron al circo romano para ser espectáculo público. Pero mira qué tremendo lo que dice el apóstol: “el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.” Es decir, estos hermanos pasaron por todo aquello, pero lo hicieron con gozo porque sabían que tenían una mejor y perdurable herencia en los cielos. La realidad es que la historia demuestra que solamente aquellos que en sus corazones se alberga esta esperanza, son los que logran permanecer firmes hasta el fin.

 

Te pregunto, amado/a, ¿si te tocara a ti pasar por una situación parecida, perderlo todo, ser vituperados por la sociedad, ser perseguidos, estarás dispuesto a pasar por todo esto con gozo sabiendo que Dios tiene para ti una mejor y perdurable herencia en los cielos? ¿Vives tú seguro/a de eso que Dios ha prometido para sus hijos fieles?

 

Presta mucha atención a lo que voy a decirte: El Espíritu Santo ha estado hablando a muchos ministros y hermanos en la fe, que lo que viene para Puerto Rico en estos próximos meses y años va a ser bien difícil. Estamos acostumbrados a disfrutar de muchas comodidades. Pero yo me pregunto, ¿estaremos dispuestos a seguir confesando a Cristo y dando testimonio al mundo de nuestra fe, en medio de una situación difícil? Creo que muchos cristianos no están preparados para eso porque su apego a lo material es demasiado grande.

 

Dios no nos ha prometido un viaje placentero, pero sí nos ha prometido un aterrizaje seguro. ¿Qué quiere decir esto? El camino muchas veces será difícil, habrá que pagar un precio a veces alto, pero nuestro Señor nos ha prometido…

 

Primero, que nunca nos abandonará. No importa si la tormenta a nuestro alrededor arrecia, él ha dicho que estará en nuestra barca, a nuestro lado, para darnos su fortaleza. Por eso dice el apóstol, “no perdáis vuestra confianza que tiene grande galardón porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” El mantenernos fieles, confiando en nuestro Dios a pesar de las circunstancias, tiene grande galardón. Pero mira las condiciones para obtener esas promesas: os es necesaria la paciencia. A veces queremos las cosas a nuestra manera, queremos que todo nos salga bien, que no tengamos tropiezos, ni que pasemos por sufrimiento. Dios quiere formar en cada uno de nosotros el fruto de la paciencia, y va a utilizar las situaciones a nuestro alrededor para que se desarrolle esa paciencia (Stgo. 1:2-4).

 

Segundo, nos ha prometido que aquellos que son verdaderamente suyos, al final llegarán a su hogar. Nuestro hogar no está en este mundo. Nuestro hogar está en las moradas celestiales, en la gloriosa presencia de nuestro Señor, quien ha preparado lugar para nosotros. Es lamentable que en este tiempo muchos cristianos han dejado de mirar al cielo, de anhelar su venida, porque piensan que su futuro yace en este mundo pasajero. Han ignorado por completo el mandato de nuestro Señor Jesucristo: “no os hagáis tesoros en la tierra.” Por eso hablan ahora de una iglesia reinando en el mundo.

 

Mientras dure nuestro tiempo aquí en la tierra hay trabajo que hacer. Hay que servirle con compromiso y devoción, hay que batallar contra el mal, ser luz y sal en medio de esta generación perdida. Pero jamás perdiendo de vista que no somos de aquí. Somos el pueblo de Dios, nación santa, escogida por él para anunciar sus virtudes. También estamos llamados a ser la diferencia. A vivir de una manera diferente a como viven los que no conocen a Dios. Eso es lo que significa ser luz en las tinieblas. El cristiano tiene que distinguirse del mundano por su manera de hablar, su manera de actuar, de vivir, de vestirse, en todas las áreas.

 

Pero qué maravilloso es tener la completa certeza de que al final, tendremos un aterrizaje seguro, y que Jesucristo conducirá a todos los que son suyos a su destino final. La pregunta que te hago es: ¿Eres tú de los que son contados como ovejas del Señor? Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y me siguen. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las arrebatará de la mano de mi Padre.” (Jn. 10:27-29).

 

Pero hay una realidad que necesitas entender: el pecado ha creado separación entre tú y Dios. Es imposible que puedas ser contado como parte de los suyos, si tus pecados no han sido perdonados y borrados. Dios en su misericordia proveyó un medio para que esto suceda, y es la sangre de su Hijo.