Busca la plenitud

Hechos 4:31-35

 

 

Nuestra vida cristiana puede convertirse en una vida de rutinas, cultos, reuniones y actividades diversas. Nos volvemos religiosos y en el proceso nos vamos enfriando y secando espiritualmente. Ya llevo meses que una y otra vez Dios me inquieta a predicar sobre este tema. Si hiciera una lista de los mensajes que llevan esa temática creo que sobrepasan los 20 o 25 mensajes. Y les confieso que es una lucha que a veces tengo con el Señor, cuando oro y me preparo para predicar. Pero entiendo también que el tema de vivir en el Espíritu, el compromiso con Dios, el vivir la vida cristiana de manera viva, y evitar caer en el formalismo religioso, es más importante que todo lo demás.

 

La vida cristiana implica una búsqueda, un anhelar, el procurar vivir en plena comunión con Dios. Te pregunto: ¿te consideras que estás en esa búsqueda intensa de la llenura del ES, de la comunión con Dios? ¿O has llegado al punto en tu vida cristiana en que todo se ha convertido en un ritual, en un desierto? Ese fuego, ese deseo intenso de servir a Dios, hablar de él con la gente, meditar en su palabra, ha desaparecido.

 

A veces los cristianos recurren a una serie de excusas para justificar su dejadez espiritual. Le echamos la culpa a otras personas, a los problemas que nos agobian, a las complicaciones de la vida que aparecen, etc. Escucha bien: No existe ninguna excusa válida que justifique el enfriamiento y alejamiento espiritual. ¡No la hay! El problema realmente está en nosotros mismos; en nuestra mente y en nuestra actitud. Porque ahora mismo hay muchísimos cristianos en muchos lugares del planeta que están sufriendo y padeciendo situaciones terribles y muchísimo más duras que las nuestras y ahí están sirviendo al Señor y siendo fieles en medio de ellas.

 

Son seres humanos tan débiles y vulnerables como nosotros. ¿Qué tienen ellos que nosotros no tenemos? Te voy a decir. Aprendí algo que me ha ayudado a entender por qué el cristianismo funciona de una manera tan diferente aquí, a otros lugares donde hay persecuciones y tantas dificultades para los creyentes. Precisamente en esos lugares, el que decide ser cristiano sabe a lo que se expone. Sabe que al decidir ser discípulo del Señor, se expone a ser encarcelado, a ser separado de su familia, a ser torturado, o a la misma muerte. Eso establece como un filtro o un cedazo que mantiene alejados del camino del Señor a quienes no están dispuestos a rendirse totalmente a Cristo. Ese filtro no lo tenemos nosotros. Según una investigación realizada recientemente por la encuestadora cristiana Barna Group, se calcula que aproximadamente el 60% de las personas que asisten a las iglesias en los EU, no son cristianos nacidos de nuevo. La iglesia cristiana en occidente se ha convertido en una opción más de entretenimiento, pasatiempo y un club social para muchas personas.

 

Leemos en los Hechos, cómo era la vida de aquellos cristianos, bajo las amenazas que vivían, y cómo ellos enfrentaron las mismas (Hch. 4:29-31), y cómo oraron a Dios pidiendo la unción del ES, y las fuerzas para ser fieles en medio de lo que estaban viviendo, vemos cuáles fueron los resultados:

 

1er resultado – Hablar con denuedo la palabra (parresia), que significa “pronunciamientos sin reservas”, abiertamente, claramente, sin temor ninguno.

 

2do resultado – Unidad de corazón y de espíritu. Un mismo sentir. Cuando la carne se impone, cada persona actúa y funciona de forma individual, egoísta, independiente. Cuando el ES está en control, hay unanimidad.

 

3er resultado – Desprendimiento. Todo lo que tengo, sean bienes, talentos, habilidades, recursos, son para glorificar a Dios y le pertenecen a él. No había necesidad en la iglesia porque los que tenían compartían sus bienes con los que no tenían.

 

4to resultado  “abundante gracia era sobre ellos”. La versión DHH dice, “y Dios los bendecía a todos.” La bendición de Dios se derrama cuando nos rendimos por completo al control del ES.

 

5to resultado – el poder de Dios (dunamis - dinamita), que significa capacidad, fuerza. No es lo mismo cuando tratamos de hacer las cosas con nuestras propias fuerzas que cuando somos movidos por el poder de Dios. A veces podemos estar haciendo cosas con nuestras fuerzas en los ministerios, y vemos como que no hay progreso, no sentimos el respaldo de Dios. Tenemos que hacer un alto y ver si es que en el camino nos hemos desconectado de la unción de Dios.

 

En el último de los análisis, esto se trata de un asunto de elección. Somos nosotros los que elegimos si vivir una vida cristiana pobre, mediocre, a medias. O elegimos la vida abundante que Dios nos pone por delante. No es un asunto de emociones, ni de sentimientos. Ambas cosas son pasajeras y cambiantes. Ser un cristiano consagrado a Dios es un asunto de elección de cada uno (Ef. 5:15-20). Le toca a cada uno de nosotros ser diligentes en nuestro caminar en el mundo y no actuar como necios sino como sabios, aprovechando el tiempo y no desperdiciarlo en la vanidad de la vida.

 

Quiero que sepas que hay una dimensión maravillosa de la bendición de Dios, de la comunión con él, que no es para cierta clase de cristianos súper ungidos. Es para todo creyente. Esa dimensión no va a venir de forma automática. No te va a caer del cielo un día de estos. La plenitud del Espíritu Santo es algo que tenemos que procurar con toda diligencia. ¿Sabes lo que es la llenura del ES? Es una vida controlada y rendida por completo a la voluntad de Dios. Pablo lo explica de manera clara en la carta a los Gálatas 2:20:

 

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

 

Lo que quiere decir este pasaje es que si resucité a una vida nueva con Cristo, ya morí a la vieja vida. Las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas. Por eso es que esto no se trata de una religión, se trata de una transformación. Ya yo no soy lo que era antes, porque Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, en este cuerpo, lo vivo para que Dios sea glorificado. Mi deseo, no es que Dios me ayude a que las cosas me vayan bien, sino que mi deseo es que mi vida sea usada por él como él quiere, porque es de él.

 

No todos están dispuestos a eso. Porque implica una renuncia total del control de sus vidas. Pero quiero ser bien franco contigo. Si no estás dispuesto a vivir una vida cristiana bajo el señorío de Cristo, si no estás dispuesto a que él sea quien tenga el control, no pierdas más tu tiempo en la iglesia. No vas a crecer, no vas a experimentar la bendición de Dios, las cosas no van a cambiar. Te quedarás a nivel superficial como un simple religioso, y no vale la pena. Porque nadie puede servir a dos señores al mismo tiempo.

 

Dios no te llamó para simplemente ocupar un asiento en la iglesia. Dios te llamó para hacer de ti un discípulo, un instrumento de su gloria. Él está dispuesto a transformarte, a cambiarte, a convertirte en un vaso precioso para su gloria. Pero tienes que estar dispuesto a ponerte completamente en sus manos. Jesús lo dijo en Lucas 14:33: “Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” 

 

Normalmente pensamos en la renuncia a las cosas materiales. Pero se refiere a TODO. Esto incluye nuestras metas personales, nuestro carácter, y el control de nuestra vida. Es como cuando una persona se muere. ¿Qué sucede con las metas, los planes, las decisiones? ¿Verdad que todo termina ahí? Pues por eso es que dice la palabra que vivir para Cristo es morir al yo (Col 3:1-3, énfasis en 3). Hasta que no lleguemos a entender esto, nunca podremos vivir una verdadera fe cristiana.

 

(Jn. 12:24-26) A lo mejor ves el “morir” al yo como una pérdida. Pero en realidad es una ganancia (Fil 1:21).

 

Pero quiero lanzarte un reto en esta mañana. ¡Atrévete a rendirte totalmente a Cristo como dueño y Señor de tu vida! Atrévete a decirle hoy mismo al Señor, “Señor, renueva mi vida, quiero ser lleno de ti, de tu amor, de tu poder.”