Iglesia Bíblica Emanuel

Escuela Bíblica

 

Estudio: Análisis del Movimiento de la Tercera Ola

 

 


I. Introducción

La Tercera Ola es el nombre que se la ha dado a un movimiento religioso místico que se ha dejado sentir en diferentes partes del mundo. También se le conoce como “la lluvia tardía”. Se llama así porque entiende que luego de la Reforma Protestante y el avivamiento de la calle Azuza en San Francisco que dio origen al pentecostalismo, este es el tercer gran movimiento de renovación para la iglesia cristiana.

 

De primera intención este parece ser un movimiento de corte carismático que enfatiza en los dones del Espíritu Santo y en las señales. Pero cuando se estudia a fondo el mismo, salen a relucir varias distorsiones y aberraciones que no van de acuerdo a la enseñanza bíblica sana. Hoy día hay muchas iglesias que han abrazado el movimiento de la Tercera Ola, y por esa razón hay gran cantidad de creyentes que carecen de fundamento bíblico sólido y están llenos de confusiones. Este movimiento declara que en este último tiempo de la historia, la iglesia cristiana experimentará un avivamiento espiritual tan poderoso y sobrenatural que opacará a todos los que han ocurrido.

 

II. Características de este movimiento

En este estudio analizaremos las características más importantes de este movimiento, a saber:

  1. Restauración de los ministerios proféticos y apostólicos.
  2. Concepto de la palabra “rhema” por encima de la revelación “logos”.
  3. Doctrina de la prosperidad material y sanidad garantizada en la cruz.
  4. Elementos metafísicos dentro de la fe cristiana como la “visualización” y la “cuarta dimensión”.
  5. Doctrina del dominio.

 

Veremos estas cinco características en su orden.

 

III. Restauración del ministerio de profetas y apóstoles.

El movimiento de la Tercera Ola afirma que durante mucho tiempo la iglesia ha estado (desde los tiempos de la iglesia primitiva) carente de dos ministerios importantes que han sido ignorados y echados a un lado. Estos son los profetas y los apóstoles. Sostienen que en este último tiempo se están restaurando esos dos ministerios que le permitirán a la iglesia ser dirigida por una elite de hombres y mujeres que gozarán de unos dones especiales para guiar a la iglesia, discernir la voz directa de Dios y llevarla a una enorme victoria.

 

Los profetas recibirán las instrucciones específicas de Dios para saber qué hay que hacer, y los apóstoles tendrán autoridad para implementar esas instrucciones divinas sobre muchas iglesias.

 

Pero la Escritura sostiene que esos ministerios solamente fueron operados en un tiempo específico, cuando aún no se había completado el canon de la Biblia. Efesios 2:19-22 dice que fuimos edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. Ellos establecieron el fundamento y a través de ellos fue revelada la Palabra de Dios. Como ya no hay nueva revelación, y se cerró el canon de las Escrituras, el ministerio de los profetas como los que llevaban la revelación de Dios al pueblo no es necesario. El creyente tiene la iluminación y la guía del Espíritu Santo, y las Escrituras como revelación para saber qué hacer.

 

Los apóstoles fueron llamados para fundar la iglesia de Jesucristo. Ellos tenían que ser testigos de la resurrección de Cristo (haber visto a Cristo resucitado), y ser comisionados directamente por Dios. El último de ellos fue Pablo (1 Co. 15:7-10).

 

Dios puede utilizar a una persona para traer un mensaje de parte de Dios en una situación específica. Pero no hay un ministerio de profeta como en el AT era necesario, porque el ES está en todo redimido y habla directamente a su vida. Hoy día la profecía es la proclamación y enseñanza de las Escrituras.

 

IV. Rhema vs. Logos

El movimiento de la Tercera Ola o lluvia tardía enseña entre otras cosas que hay una diferencia entre el “logos” y el “rhema”. El logos es la palabra escrita de Dios; el texto bíblico. Es necesaria, pero no es lo último y tampoco contiene instrucciones específicas para los creyentes. Por eso es necesario buscar el “rhema” que significa la palabra fresca, nueva, y directamente revelada de parte de Dios.

 

Los profetas son los que tienen el don especial de recibir la “rhema” de Dios para comunicarla a los pastores y apóstoles. La realidad, sin embargo, es que el término logos y rhema se emplean de manera igual en la Biblia. Y la palabra escrita también fue inspirada o hecha “rhema” para los escritores. Esto también se presta para menospreciar o considerar las Escrituras menos importantes que lo que los profetas declaran en sus visiones.

 

Si algo está claro es que tanto Jesús como los apóstoles enfatizaron en la importancia de escudriñar las Escrituras, de estudiarlas y meditar en ellas para ser obreros completos y capacitados en todas las áreas. Nunca le dijo Pablo a Timoteo: “busca un profeta que te dé la rhema para que sepas cómo conducirte”, sino le dijo: “ocúpate en la lectura, estudia la Palabra, la cual es útil para que seas un siervo de Dios capacitado” (Jn. 5:39, 1 Tim. 4:13-16, 2 Tim. 3:14-17).

 

V. La doctrina de la prosperidad

Hemos hablado en otras ocasiones sobre esta doctrina que se aparta grandemente del balance de las Escrituras. La misma nace de los conceptos esotéricos del poder mental y el efecto de las declaraciones verbales de las personas. Se resume de manera simple en el concepto de la “fe en la fe”. Se concibe la fe como una fuerza en sí misma que es capaz de activar a nivel espiritual el poder de Dios para que se materialice lo que se confiesa o reclama.

 

Esta doctrina también afirma que la pobreza y la enfermedad son maldiciones. Como el cristiano debe ser librado de toda maldición, entonces si aplica las promesas de Dios, tiene que ser próspero materialmente y gozar de buena salud física. El poder de la confesión de estas cosas desatarán tanto la abundancia como la salud. De la misma manera, si la persona emplea palabras negativas o de muerte, eso que confiese será lo que obtendrá.

 

Se utilizan pasajes como: Mr. 11:23-24, 3 Juan 1:2, Gál. 3:13-14. El problema es que por otro lado se pasan por alto otros textos que nos ayudan a interpretar esto correctamente como: 1 Jn. 5:14, Stgo. 4:3, Fil. 4:11-13, 1 tim. 6:6-8. Se pasa por alto también que por encima del deseo del creyente está la voluntad soberana de Dios. Dios tiene la última palabra, no los deseos e intenciones de las personas. Las promesas de ausencia de enfermedad y necesidades no son para este mundo imperfecto y pecaminoso, sino para el estado de completa paz y bienestar que vendrá cuando el creyente esté en el cielo.

 

VI. La visualización y el soñar como medio de materializar el éxito.

Esta es una enseñanza característica de los movimientos esotéricos de la nueva era y la metafísica. Establece que aquello que se visualiza y se concibe en la mente opera un poder sobrenatural, fuerzas espirituales que “conciben” aquello que se sueña o se visualiza y se hace realidad en el mundo material. Dios necesita de esa imagen mental o visión, para darle instrucciones a los ángeles y que éstos entonces hagan posible el sueño en el plano material.

 

Una vez más vemos cómo el ser humano y su capacidad es colocada por encima de la voluntad y la soberanía de Dios quien se convierte en un ente pasivo que necesita de la visualización y los sueños de sus criaturas para establecer su reino. El creyente no concibe ni crea realidades que se materializan del plano espiritual al plano material. El creyente ora y busca dirección de aquél que produce en nosotros el querer así como el hacer por su buena voluntad (Fil. 2:13).

 

Uno de los exponentes de esta doctrina es Paul Yonggui Cho, pastor de una gigantesca iglesia en Corea. En su libro “La cuarta dimensión” presenta este concepto. Sin embargo el mismo Cho reconoce que este concepto proviene del misticismo oriental y la filosofía Sokagakai.

 

La Palabra nos demuestra que la imaginación y la visualización no conducen a que algo suceda. Por encima de todo eso está la voluntad de Dios (2 Sam. 7:1-13).

 

VII. La doctrina del dominio

Esta doctrina está cobrando mucha importancia dentro del movimiento de la Tercera Ola. La misma sostiene que la iglesia será cada vez más poderosa e influyente en el mundo y terminará conquistando a las naciones. Esto traerá un tiempo de gran prosperidad y bienestar en el mundo.

 

Por eso este movimiento defiende el envolvimiento de la iglesia en la política, la economía y la sociedad en general, no para ser instrumentos de bendición, evangelismo y defender valores, sino más bien para arrebatarle al diablo el lugar de dominio que Dios le ha dado a la iglesia.

 

Claro está, esta doctrina pasa por alto enteramente las referencias bíblicas a que la iglesia pasará tribulación, será perseguida y tendrá que pagar un alto precio por mantenerse fiel a Dios. También pasa por alto las advertencias de la Biblia acerca de una gran apostasía en los días del fin, cosa que se ve claramente marcada en este mismo movimiento.

 

VIII. Conclusión

Este movimiento de la tercera ola obviamente se desvía del balance bíblico en muchos aspectos como los que hemos analizado en este estudio. Muchos líderes y creyentes están sinceramente convencidos de que estos conceptos son verdaderos, los oyen de boca de otras personas, abundan en mucha de la literatura cristiana que más se vende, pero no soportan el escrutinio bíblico.